viernes, 26 de octubre de 2012

Agarrate Catalina. Murga Uruguaya.


AGARRATE CATALINA.
CANCIÓN FINAL Y RETIRADA. 
2006.



Vivir,
aunque no sepas vivir
Aunque te cueste morir
Sobre estas tierras

Vivir,
en esta jungla infernal
Bajo un reloj demencial
Detrás de un sueño

Con la verdad
Como candil
Contra el traidor
Contra el servil

Nadie te puede decir adonde ir
Nadie te marca el destino
Nadie te puede enseñar como vivir
Nadie conoce el camino

Hombres de mundo preparan su festín
Van a pedir tu cabeza
Que cada buitre se lleve su botín
Me quedo con mi pobreza

Mi libertad
Mi cielo azul
Mi ángel guardián
La cruz del sur
Un corazón
Que compartir
La bendición
De ser feliz

RETIRADA
Te tocó nacer en un rincón del fin del mundo, en el medio de un banquete de serpientes y chacales.
Te tocó crecer en este tiempo, en este inmenso montón de soledades
Niño hijo de niños recién grandes, que el mundo envejece a los golpes.
Niño candilcito en la tormenta, puerta clandestina en la muralla.
Niño del fin del mundo te traigo los abrazos que precises,
mis últimas y pobres barricadas, todo un mundo por cambiar y el corazón en esta retirada.

Niño
Que viniste a este mundo
ojos inmensos
Y el alma clara
Niño
En la tierra de nadie
ángel de barro
Abre tus alas
Por favor

Un niño nació
En la ciudad
De un cielo gris
En tempestad
un barrio, un país
una gota en el mar
una latitud
cuestión de azar
un poco al sur
un poco atrás
un mapa al revés
un edén sin lugar

un barquito en la mitad
de la furia de los vientos de alta mar
a merced del destino
marioneta de azafrán
en un circo despiadado y criminal
de un payaso mezquino

En las trincheras
donde se pierden batallas
Con el tramposo
Que paga por sus medallas
Un ángel solo
Frente al caníbal de sus hermanos
Con una moneda sucia
en la blanca palma de sus manos

niño
del fin del mundo
luz al final de mi llanto más profundo
yo que fui niño hasta ayer
y el mundo me ha matado alguna vez
te puedo dar mi cruz
y un pobre sueño


sueño perdido en un mapa de ayer
viejos cuadernos sangrando poesía
la profecía tenaz de un mundo mejor

La canción para borrar
De tus alas las cicatrices
Contraseñas para entrar
Al secreto de los felices

Cada vez que sale el sol
Serena y furiosamente

Vas a sembrar con tu vida
Las semillas de un mundo perdido
Sobre un futuro recién nacido

Podrás construir en el barro
Nuevos mapas, y nuevos caminos
En la playa de los tiempos que vengan
Encontrar un secreto de luz

Brilla el sol de un nuevo amanecer
Sobre un cielo que esta por nacer
Brilla el sol y vuelve a comenzar
Otro milagro de este ciclo sin final
Al partir un beso y una flor
En este mundo misterioso de cartón

El mundo efímero escenario
De nuestra pobre maravilla

El carnaval ya dio la función
Un barrio perdido de trapo y carbón
Descuelga banderines de color
En este cielo de cartón
Se va el camión se baja el telón
Agarrate Catalina dice adiós
A la barriada el corazón

Adiós adiós carnaval
mundo perdido y fugaz
guardame siempre un lugar
donde retornar
adiós adiós carnaval
por tu feliz brevedad
la Catalina se va
para regresar

Adiós adiós carnaval...



ESTRUCTURA DE LA MURGA:


EL REPERTORIO
Al referirnos al repertorio de la murga nos adentramos en la estructura interna del fenómeno artístico y por sobre todo en su aspecto musical y literario. El repertorio de la murga responde generalmente a la estructura que se describe a continuación.

1 - Saludo o presentación: la duración aproximada es de cinco (5) minutos. Antiguamente la murga tenía un presentador que se encargaba de introducir cada uno de los cuadros del espectáculo, por lo tanto era lo primero que se escuchaba.
2 - El medio de la actuación incluye cuplés y eventualmente un salpicón o popurrí: Llamamos salpicón a una serie de cuartetas improvisadas según un criterio de preguntas y respuestas dentro de las cuales cada par de cuartetas se refiere a un tema de actualidad. El salpicón solía cantarse luego del saludo como otro cuadro independiente. Actualmente, cuando existe, suele estar integrado al saludo o aparece “disfrazado” de cuplé o formando parte de uno. El popurrí tocaba menos cantidad de temas pero los desarrollaba más. El popurrí propiamente dicho ha caído en desuso. El cuplé es la parte central y de mayor importancia de la murga. A lo largo del cuplé se dan picos de tensión pensados para mantener la atención del público en cada tablado o escenario barrial. Los cuplés tradicionales podían tener un personaje individual (el solista o cupletero), que solía presentarse como ajeno a la murga, y otro grupal: la murga, que dialogaba con el solista y le discutía e interrogaba acerca del tema en cuestión. El solista era el encargado de hacer reír o llorar al público de acuerdo a la situación. Otro esquema bastante común fue el de los dos solistas (personajes relacionados entre sí, frecuentemente opuestos) que daban su versión de las cosas. En este caso uno completaba lo que el otro había empezado pero cambiándole totalmente el sentido original.
3 - La Retirada o Despedida: es más larga que la presentación, comúnmente no supera lo diez (10) minutos. Esta es la parte que suelen disfrutar más los murguistas porque por lo general es lo más lindo de cantar, los arreglos son más cuidados y pulidos porque son el broche de oro del trabajo del director y el letrista. La retirada suele estar dedicada a algo: persona, personaje histórico, mitológico, o algo abstracto como los abuelos, las cosas que se fueron, los murguistas de antes, etcétera. Esta última parte no tiene final, en un momento se empieza a repetir un fragmento y la murga baja del escenario cantando, sigue cantando abajo hasta que el canto se desvanece.
LA TEMÁTICA
Son muy diversas, pero generalmente son:
- El carnaval. Los personajes heredados de la tradición carnavalesca.
- La murga como voz popular.
- La temática contestataria (muy fuerte a partir de las dictaduras militares)
- La sátira política
- Las noticias del ciclo anual entre carnaval y carnaval
- El fútbol
- La temática de la vida cotidiana como crítica al gobierno de turno
- La sátira a las modas o costumbres femeninas
- La ciudad

EL CORO
La murga es el único género polifónico de la música tradicional uruguaya. Este género no sólo es coral por excelencia sino que son frecuentes los juegos de preguntas y respuestas. En el concurso, el coro no debe exceder el número de trece integrantes. Lo común es que las voces sean todas masculinas, aunque no es rara la presencia de una o más mujeres en la actualidad. Las voces están organizadas por grupos o “cuerdas”: los segundos, los primos y los sobreprimos.
En cuanto a los arreglos vocales, supuestamente la cuerda de primos es la que lleva la melodía y las otras cuerdas armonizan tanto por arriba como por debajo de la misma. En la práctica esto no es tan estricto, hay melodías que por su gran amplitud deben ser repartidas entre las distintas cuerdas. Por lo tanto no puede establecerse una regla en cuanto a la distribución de los temas entre las distintas voces. Los arreglos se basan en partes corales armonizadas por terceras intercaladas con solos, dúos y tríos. Antiguamente la mayor parte del tiempo el coro se desplegaba a dos voces con la esporádica aparición de una tercera voz con los sobreprimos.
Hoy la presencia de tres o más voces cantando es permanente pero no son raros los unísonos ( para dar mayor fuerza) o las notas pedales. Con respecto a la complejidad de las partes vocales, por lo general los culpes y salpicones suelen tener músicas y arreglos más sencillos que la presentación y la retirada. Con respecto de los temas musicales que forman parte de los espectáculos, generalmente son temas populares (folclóricos, de rock nacional e internacional, boleros, etcétera) para los cuales se les compone una letra nueva, ya sea parodiando el contenido de la letra original o haciendo referencia al tema sobre el cual esté basado el argumento del espectáculo. La idea de tomar melodías conocidas surge de la necesidad de que el público preste especial atención al contenido literario del espectáculo.

Extraído de: www.lasmurgas.com



jueves, 25 de octubre de 2012

Poema 20. Pablo Neruda.

Poema 20.




Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada, 
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.» 

El viento de la noche gira en el cielo y canta. 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Yo la quise, y a veces ella también me quiso. 

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. 
La besé tantas veces bajo el cielo infinito. 

Ella me quiso, a veces yo también la quería. 
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. 

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. 
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. 

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. 
La noche está estrellada y ella no está conmigo. 

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. 
Mi alma no se contenta con haberla perdido. 

Como para acercarla mi mirada la busca. 
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. 

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. 
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. 

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. 
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. 

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. 
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. 

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. 
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. 

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, 
Mi alma no se contenta con haberla perdido. 

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, 
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Pablo Neruda.

No te salves. Mario Benedetti.

"No te salves" Mario Bendetti. Interpretación de Miguel Angel Solá 



No te quedes inmóvil 
al borde del camino 
no congeles el júbilo 
no quieras con desgana 
no te salves ahora 
ni nunca 
no te salves 
no te llenes de calma 
no reserves del mundo 
sólo un rincón tranquilo 
no dejes caer los párpados 
pesados como juicios 
no te quedes sin labios 
no te duermas sin sueño 
no te pienses sin sangre 
no te juzgues sin tiempo 

pero si 
pese a todo 
no puedes evitarlo 
y congelas el júbilo 
y quieres con desgana 
y te salvas ahora 
y te llenas de calma 
y reservas del mundo 
sólo un rincón tranquilo 
y dejas caer los párpados 
pesados como juicios 
y te secas sin labios 
y te duermes sin sueño 
y te piensas sin sangre 
y te juzgas sin tiempo 
y te quedas inmóvil 
al borde del camino 
y te salvas 
entonces 
no te quedes conmigo.


jueves, 18 de octubre de 2012

Amor 77. Julio Cortázar.




Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se peinan, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son. 

Julio Cortázar.

martes, 16 de octubre de 2012

Vanguardias del siglo XX



“La irreverencia y la confrontación de las formas artísticas tradicionales son dos pilares del vanguardismo”
Marcel Duchamp.


El término “Vanguardias” proviene del lenguaje militar (francés: avant-garde) y hace referencia a la parte del ejército más adelantada. Con esta expresión se engloba a una serie de movimientos artísticos y culturales desarrollados en Europa y América a partir de las primeras décadas del siglo XX.
En un principio, la palabra “vanguardia” comenzó a utilizarse en Francia aplicada a la política entre los socialistas, en el sentido de minoría encargada de llevar adelante la revolución. Posteriormente se desarrolló el concepto entre los movimientos artísticos que se proponían romper con las convenciones estéticas vigentes.
En el terreno artístico es la primera línea de creación, la renovación radical de las formas y contenidos, las cuales confrontan con las tendencias anteriores.
Se manifiestan a través de varios movimientos que desde distintos planteamientos abordan la renovación del arte, con recursos que quiebran o distorsionan los sistemas más aceptados de representación en teatro, pintura, literatura, cine, arquitectura, música, etc.
ISMOS: corrientes, movimientos, tendencias innovadoras, especialmente en el pensamiento y en el arte.
“Sólo es vital el arte que encuentra sus propios elementos en el ambiente que lo cirrcunda” (Marinetti)

M O V I M I E N T O S:
FUTURISMO: Movimiento artístico de comienzos del siglo XX que rechazó la estética tradicional e intento revalorar la vida contemporánea. En 1909 Filippo Marinetti creó el manifiesto futurista.
Los temas principales son la máquina y el movimiento. Se recurría a cualquier modo esxpresivo capaz de crear un verdadero arte de acción con el propósito de rejuvenecer y reconstruir la faz del mundo.
El futurismo se caracterizó por el intento de captar la sensación de movimiento. Superpuso acciones consecutivas, y, en arquitectura, desarrollaron la idea de una Ciudad Moderna (urbanismo), un nuevo mundo vertical y mecánico.
En 1914 se disuelven como grupo, algunos de sus integrantes se enrolaron en un batallón de voluntarios de acuerdo a su idea de “la guerra como higiene del mundo”.
DADAÍSMO: movimiento que abarca todos los géneros artísticos y es la expresión de una propuesta nihilista contra la cultura occidental, una revolución contra el arte convencional.
Fue fundado por Tristán Tzará en 1916, el nombre fue elegido al azar en un diccionario. Dadá significa caballito de madera. También podría hacer referencia la balbuceo de los niños en su etapa anterior al lenguaje.
El objetivo de este movimiento era expresar el rechazo de todos los valores sociales y estéticos del momento. Para esto recurrían con frecuencia a la utilización de métodos artísticos y literarios incomprensibles, absurdos e irracionales. Buscaban impactar o dejar perplejo al público para que este reconsiderara los valores estéticos establecidos. Utilizaban nuevos materiales (como deshechos) y nuevos métodos, como el azar y la espontaneidad.
CREACIONISMO: Movimiento basado en una teoría estética general. Vicente Huidobro, poeta chileno, fue el creador de este ismo, presentado en 1916. Habla del arte y sus etapas, para concluir que el imitativo de la realidad debe suplantarse por un arte creativo que sea capaz de superar al medio, de crear. Se basa en un poema indígena que en uno de sus versos dice: “Oh poeta, no cantes a la lluvia, haced llover”. Huidobro dirá: “oh poeta, no canteis a la rosa, acedla florecer en el poema”.
Es muy difícil llevar a la práctica los parámetros que supone el manifiesto creacionista.
ULTRAISMO: Movimiento poético de vanguardia. Surge en España en 1919 por incitación de Huidobro y como reacción al modernismo de Ruben Darío.
Sus principales postulados fueron:
  • Reducción de la lírica a su elemento primordial: la metáfora.
  • Tachadura de frases medianeras, nexos, adjetivos inútiles.
  • Abolición de ornamentos.
  • Síntesis de imágenes.
SURREALISMO: Movimiento iniciado en 1924 por André Breton, el cual lo define en su manifiesto como “automatismo psíquico puro” que intenta expresar el funcionamiento real del pensamiento. Es el único movimiento que presenta una base psicológica: las teorías de Freud.
La importancia del mundo del inconsciente y el poder revelador y transformador de los sueños conectan al surrealismo con el psicoanálisis. Se propuso romper con todo convencionalismo mental y artístico.
Destacaban el poder de la imaginación como parte del individuo capaz de generarle estados de felicidad mediante la creación de otras realidades

sábado, 13 de octubre de 2012

Juan Gelman, información y poemas.


JUAN GELMAN.



Poeta argentino nacido en Buenos Aires en 1930. Hijo de inmigrantes rusos, se inició en la poesía desde muy pequeño, orientado por su hermano Boris quien fue un lector compulsivo. Abandonó su carrera de Química para dedicarse por completo al destino de las letras.
Salió de Argentina en 1976 durante la dictadura militar y vivió en el exilio en México, donde decidió fijar la residencia  en forma definitiva.
En 1997 obtuvo el Premio Nacional de Poesía en Argentina, el premio Juan Rulfo en el año 2000,  en 2004 el Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde, en 2005 los premios Iberoamericano Pablo Neruda y Reina Sofía de Poesía, y en el año 2007 el Premio Cervantes.



XVI

No debiera arrancarse a la gente de su tierra o país, no a la fuerza.
La gente queda dolorida, la tierra queda dolorida.
Nacemos y nos cortan el cordón umbilical. Nos destierran y
nadie nos corta la memoria, la lengua, las calores. Tenemos que
aprender a vivir como el clavel del aire, propiamente del aire.
Soy una planta monstruosa. Mis raíces están a miles de
kilómetros de mí y no nos ata un tallo, nos separan dos mares
y un océano. El sol me mira cuando ellas respiran en la noche,
duelen de noche bajo el sol.


Arte poética

Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío,
 como un amo implacable
me obliga a trabajar de día, de noche,
con dolor, con amor,
bajo la lluvia, en la catástrofe,
cuando se abren los brazos de la ternura o del, alma,
cuando la enfermedad hunde las manos.

A este oficio me obligan los dolores ajenos,
las lágrimas, los pañuelos saludadores,
las promesas en medio del otoño o del fuego,
los besos del encuentro, los besos del adiós,
todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre.

Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos,
rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte.


jueves, 11 de octubre de 2012

No oyes ladrar los perros (cuento de Juan Rulfo)





        —Tú que vas allá arriba, Ignacio, dime si no oyes alguna señal de algo o si ves alguna luz en alguna parte.
        —No se ve nada.
        —Ya debemos estar cerca.
        —Sí, pero no se oye nada.
        —Mira bien.
        —No se ve nada.
        —Pobre de ti, Ignacio.
        La sombra larga y negra de los hombres siguió moviéndose de arriba abajo, trepándose a las piedras, disminuyendo y creciendo según avanzaba por la orilla del arroyo. Era una sola sombra, tambaleante.
        La luna venía saliendo de la tierra, como una llamarada redonda.
        —Ya debemos estar llegando a ese pueblo, Ignacio. Tú que llevas las orejas de fuera, fíjate a ver si no oyes ladrar los perros. Acuérdate que nos dijeron que Tonaya estaba detrasito del monte. Y desde qué horas que hemos dejado el monte. Acuérdate, Ignacio.
        —Sí, pero no veo rastro de nada.
        —Me estoy cansando.
        —Bájame.
        El viejo se fue reculando hasta encontrarse con el paredón y se recargó allí, sin soltar la carga de sus hombros. Aunque se le doblaban las piernas, no quería sentarse, porque después no hubiera podido levantar el cuerpo de su hijo, al que allá atrás, horas antes, le habían ayudado a echárselo a la espalda. Y así lo había traído desde entonces.
        —¿Cómo te sientes?
        —Mal.
        Hablaba poco. Cada vez menos. En ratos parecía dormir. En ratos parecía tener frío. Temblaba. Sabía cuándo le agarraba a su hijo el temblor por las sacudidas que le daba, y porque los pies se le encajaban en los ijares como espuelas. Luego las manos del hijo, que traía trabadas en su pescuezo, le zarandeaban la cabeza como si fuera una sonaja. Él apretaba los dientes para no morderse la lengua y cuando acababa aquello le preguntaba:
        —¿Te duele mucho?
        —Algo —contestaba él.
        Primero le había dicho: "Apéame aquí... Déjame aquí... Vete tú solo. Yo te alcanzaré mañana o en cuanto me reponga un poco." Se lo había dicho como cincuenta veces. Ahora ni siquiera eso decía. Allí estaba la luna. Enfrente de ellos. Una luna grande y colorada que les llenaba de luz los ojos y que estiraba y oscurecía más su sombra sobre la tierra.
        —No veo ya por dónde voy —decía él.
        Pero nadie le contestaba.
        E1 otro iba allá arriba, todo iluminado por la luna, con su cara descolorida, sin sangre, reflejando una luz opaca. Y él acá abajo.
        —¿Me oíste, Ignacio? Te digo que no veo bien.
        Y el otro se quedaba callado.
        Siguió caminando, a tropezones. Encogía el cuerpo y luego se enderezaba para volver a tropezar de nuevo.
        —Este no es ningún camino. Nos dijeron que detrás del cerro estaba Tonaya. Ya hemos pasado el cerro. Y Tonaya no se ve, ni se oye ningún ruido que nos diga que está cerca. ¿Por qué no quieres decirme qué ves, tú que vas allá arriba, Ignacio?
        —Bájame, padre.
        —¿Te sientes mal?
        —Sí
        —Te llevaré a Tonaya a como dé lugar. Allí encontraré quien te cuide. Dicen que allí hay un doctor. Yo te llevaré con él. Te he traído cargando desde hace horas y no te dejaré tirado aquí para que acaben contigo quienes sean.
        Se tambaleó un poco. Dio dos o tres pasos de lado y volvió a enderezarse.
        —Te llevaré a Tonaya.
        —Bájame.
        Su voz se hizo quedita, apenas murmurada:
        —Quiero acostarme un rato.
        —Duérmete allí arriba. Al cabo te llevo bien agarrado.
        La luna iba subiendo, casi azul, sobre un cielo claro. La cara del viejo, mojada en sudor, se llenó de luz. Escondió los ojos para no mirar de frente, ya que no podía agachar la cabeza agarrotada entre las manos de su hijo.
        —Todo esto que hago, no lo hago por usted. Lo hago por su difunta madre. Porque usted fue su hijo. Por eso lo hago. Ella me reconvendría si yo lo hubiera dejado tirado allí, donde lo encontré, y no lo hubiera recogido para llevarlo a que lo curen, como estoy haciéndolo. Es ella la que me da ánimos, no usted. Comenzando porque a usted no le debo más que puras dificultades, puras mortificaciones, puras vergüenzas.
        Sudaba al hablar. Pero el viento de la noche le secaba el sudor. Y sobre el sudor seco, volvía a sudar.
        —Me derrengaré, pero llegaré con usted a Tonaya, para que le alivien esas heridas que le han hecho. Y estoy seguro de que, en cuanto se sienta usted bien, volverá a sus malos pasos. Eso ya no me importa. Con tal que se vaya lejos, donde yo no vuelva a saber de usted. Con tal de eso... Porque para mí usted ya no es mi hijo. He maldecido la sangre que usted tiene de mí. La parte que a mí me tocaba la he maldecido. He dicho: “¡Que se le pudra en los riñones la sangre que yo le di!” Lo dije desde que supe que usted andaba trajinando por los caminos, viviendo del robo y matando gente... Y gente buena. Y si no, allí esta mi compadre Tranquilino. El que lo bautizó a usted. El que le dio su nombre. A él también le tocó la mala suerte de encontrarse con usted. Desde entonces dije: “Ese no puede ser mi hijo.”
        —Mira a ver si ya ves algo. O si oyes algo. Tú que puedes hacerlo desde allá arriba, porque yo me siento sordo.
        —No veo nada.
        —Peor para ti, Ignacio.
        —Tengo sed.
        —¡Aguántate! Ya debemos estar cerca. Lo que pasa es que ya es muy noche y han de haber apagado la luz en el pueblo. Pero al menos debías de oír si ladran los perros. Haz por oír.
        —Dame agua.
        —Aquí no hay agua. No hay más que piedras. Aguántate. Y aunque la hubiera, no te bajaría a tomar agua. Nadie me ayudaría a subirte otra vez y yo solo no puedo.
        —Tengo mucha sed y mucho sueño.
        —Me acuerdo cuando naciste. Así eras entonces.
        Despertabas con hambre y comías para volver a dormirte. Y tu madre te daba agua, porque ya te habías acabado la leche de ella. No tenías llenadero. Y eras muy rabioso. Nunca pensé que con el tiempo se te fuera a subir aquella rabia a la cabeza... Pero así fue. Tu madre, que descanse en paz, quería que te criaras fuerte. Creía que cuando tú crecieras irías a ser su sostén. No te tuvo más que a ti. El otro hijo que iba a tener la mató. Y tú la hubieras matado otra vez si ella estuviera viva a estas alturas.
        Sintió que el hombre aquel que llevaba sobre sus hombros dejó de apretar las rodillas y comenzó a soltar los pies, balanceándolo de un lado para otro. Y le pareció que la cabeza; allá arriba, se sacudía como si sollozara.
        Sobre su cabello sintió que caían gruesas gotas, como de lágrimas.
        —¿Lloras, Ignacio? Lo hace llorar a usted el recuerdo de su madre, ¿verdad? Pero nunca hizo usted nada por ella. Nos pagó siempre mal. Parece que en lugar de cariño, le hubiéramos retacado el cuerpo de maldad. ¿Y ya ve? Ahora lo han herido. ¿Qué pasó con sus amigos? Los mataron a todos. Pero ellos no tenían a nadie. Ellos bien hubieran podido decir: “No tenemos a quién darle nuestra lástima”. ¿Pero usted, Ignacio?


        Allí estaba ya el pueblo. Vio brillar los tejados bajo la luz de la luna. Tuvo la impresión de que lo aplastaba el peso de su hijo al sentir que las corvas se le doblaban en el último esfuerzo. Al llegar al primer tejaván, se recostó sobre el pretil de la acera y soltó el cuerpo, flojo, como si lo hubieran descoyuntado.
        Destrabó difícilmente los dedos con que su hijo había venido sosteniéndose de su cuello y, al quedar libre, oyó cómo por todas partes ladraban los perros.
        —¿Y tú no los oías, Ignacio? —dijo—. No me ayudaste ni siquiera con esta esperanza.