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domingo, 9 de junio de 2013

Héroe y Antihéroe en la Literatura.

EL HÉROE Y EL ANTIHÉROE



El concepto del HÉROE

Comúnmente el héroe posee habilidades sobrehumanas o rasgos de personalidad idealizados que le permiten llevar a cabo hazañas extraordinarias y beneficiosas («actos heroicos») por las que se hace famoso. Un héroe es una persona que realiza una acción valiente y muy bien agradecida
Una persona se convierte en héroe cuando realiza una hazaña extraordinaria y digna de elogio. Un héroe satisface las definiciones de lo que se considera bueno y noble en su cultura. El héroe debía luchar contra las fuerzas del mal: brujos, encantamientos, pociones, engaños, enemigos, etc. protegiendo a los caballeros y al pueblo en peligro.

El prototipo de héroe medieval español es el Cid. Se trata de un protagonista poético modelo del gastado ideal caballeresco según se concibió en la Edad Media. En el Cantar del Mío Cid se perfila el tipo de un heroísmo que sin despojarse de su valor individual, toma una personalidad propia y luminosa, genial y atractiva que se convierte en símbolo representativo y en la figura mítica de toda una literatura. De todos los mitos que la literatura castellana aportó a la Universal, sin duda es la del Cid la más trascendente, convirtiéndose el héroe no solo en un ser de ficción, sino entroncándose como una figura representativa de todo un pueblo y una cultura.

El concepto del ANTIHÉROE

Es el protagonista desprovisto de las cualidades extraordinarias (belleza, integridad, valor...) con las que habitualmente se presentaba el héroe en los relatos épicos. Las primeras novelas protagonizadas por antihéroes son El Lazarillo de Tormes y El Quijote. Ambas representan una vida no heroica, o sea, una vida vulgar, genérica, mediocre o masificada.
En su libro "Héroes y antihéroes en la literatura" (Madrid, Anaya, 2000), Casariego parte del concepto de “personaje virtuoso que ha realizado hazañas para las que se requiere mucho valor”; a partir de este concepto, desglosa una definición de antihéroe: personaje que desempeña las mismas funciones propias del héroe tradicional pero que difiere en su apariencia y valores. Para este autor, el antihéroe surge de la observación de la insulsa realidad; este personaje es “hijo del pesimismo” y nace como respuesta a un presente no deseado y vive sin ninguna promesa de futuro.

El antihéroe puede ser antisocial, muy inteligente, enajenado, cruel, desagradable, lamentable, obtuso, o simplemente ordinario. Cuando el antihéroe es el personaje principal en una obra de ficción la obra frecuentemente lidiará con el efecto que su atroz personaje tiene en aquellos a quienes conoce a lo largo de la narrativa. En otras palabras, un antihéroe es un protagonista que vive por la guía de su propia brújula moral, esforzándose para definir y construir sus propios valores opuestos a aquellos reconocidos por la sociedad en la que vive. Adicionalmente, la obra puede representar cómo su personaje cambia a través del tiempo Además de estas "cualidades" hace falta nombrar el antihéroe es de esta manera debido a que su pasado fue doloroso o cruel y que esta(s) tragedia(s) le da origen a su personalidad y una perspectiva distinta a la de los héroes o villanos; puede decirse que el antihéroe vive más en la zona gris.

Es así como en los relatos e historias de los últimos años, es común ver sujetos protagonistas, que fluctúan entre el mal y el bien. Que matan en pro de un beneficio, decadentes, pesimistas, enfermos, pecaminosos, que imponen sus propias reglas, llenos de anti-valores pero a su vez con sentimientos y capaces de hacer así sea una obra buena. A estos personajes se les puede nombrar como Anti héroes, seres con los que el público se puede sentir más identificado por tener rasgos similares o porque representan lo que no son capaces de hacer pero que en algún momento han podido a llegar a pensar o sentir.

Según la Real Academia, antihéroe es el Personaje de una obra literaria, narrativa o dramática, a quien se atribuyen las características físicas, psíquicas y humanas contrarias a las del héroe tradicional: el antihéroe suele coincidir con el antagonista. 

domingo, 12 de mayo de 2013

Novela Picaresca: Lazarillo de Tormes.





LA NOVELA PICARESCA



La novela picaresca supone el nacimiento de un género novelístico completamente nuevo que tuvo lugar en España en el siglo XVI. Las causas y circunstancias que dieron lugar a este tipo de novelas no están demasiado claras.


En un principio se creyó que había nacido como consecuencia del gran número de pobres y vagabundos que tenía el país, algo que según ha pasado el tiempo ha quedado en entredicho, porque lo cierto es que los demás países tenían la misma cantidad de pobres que España.

Numerosos críticos han elaborado distintas teorías para explicar el nacimiento de este género, que van desde creer que el origen tuvo lugar en el deseo de libertad de los cortesanos de la época, (leían las aventuras de los pícaros que no respetaban convención social alguna para olvidar las rígidas normas sociales de la época), hasta otras que dicen que el género estuvo relacionado con los movimientos de reforma religiosa de aquel momento.

Lo que sí realmente sabemos es que el género nace como producto de una sociedad donde los hechos religiosos y literarios del momento influyeron en ello. Y lo hace en España porque es aquí donde el principio de la sociedad era el honor (por eso nace el pícaro, que encarna el deshonor total) y existía un gran número de marginados donde reinaba un gran malestar y también porque España no tenía burguesía, y Europa sí.

Estamos pues, ante un género nuevo completamente innovador, con unas características y trayectoria definidas, que tuvo una enorme repercusión en su momento, y que ha perdurado, de una u otra forma, hasta nuestros días.

Caracteres fundamentales de la novela picaresca
Todas las novelas picarescas tienen varios puntos en común tanto en los personajes como en estructura.

El pícaro es el antihéroe que encarna el deshonor y su vida es completamente opuesta a la del caballero; frecuentemente practica la mendicidad siendo un golfillo dispuesto a todo por dinero (roba, engaña..) ya que desea ascender de clase, algo que nunca consigue.

Suele pasar hambre y sobrevive gracias a su ingenio en un mundo hostil y cruel, siempre en soledad. Las novelas picarescas poseen unos rasgos estructurales muy definidos: siempre son autobiográficas ordenadas por los servicios prestados a diferentes amos; el pícaro nos cuenta su paso de la niñez a la madurez, y en todas ellas hay un punto de vista único sobre la realidad: la del pícaro.



Muchos críticos piensan que la única finalidad de las novelas de este género era hacer reír a los lectores, ya que el humor está presente en todas las novelas y las situaciones cómicas se suceden por doquier, pero nada más lejos de la realidad.

El humor se utiliza sólo como recurso para mostrar situaciones moralizantes y ejemplificantes.


Trayectoria del género

La novela picaresca siguió una evolución que tuvo distintas etapas:

Desde 1599 hasta 1605: donde floreció el género con las mejores novelas (El Lazarillo de Tormes y Guzmán de Alfarache) aunque ya comienzan a anunciarse algunos factores decadentes.

1605-1620. Etapa decadente: ya no se siguen los rasgos propios del género. En muchos casos las novelas dejan de ser autobiográficas para dar paso a la 3ª persona propia de las novelas.

1620-1626 Período de renacimiento del género. Se recupera la estructura general del relato y se escriben varias novelas importantes: Segunda parte de la vida del Lazarillo de Tormes, Lazarillo de Manzanares, Varia fortuna del soldado Píndaro y otras más.

1626-1646 Época final donde se pueden destacar Estebanillo González y La garduña de Sevilla.

El Lazarillo de Tormes.


"La vida de Lazarillo de Tormes, de sus fortunas y adversidades" es la máxima representación de la novela picaresca española del Siglo XVI. Apareció en 1554, de autor desconocido.

Está escrita en forma autobiográfica. El protagonista es un "pícaro" que va pasando a través de distintos amos. A la vez que se demuestra la realidad social de la época, se hace una sátira de ciertas situaciones y hay una crítica a ciertas situaciones del clero y de la nobleza de la época.

Es un relato en primera persona de episodios de la vida del protagonista que vienen a justificar su situación final poco afortunada. "Lazarillo de Tormes" consta de siete tratados, en su paso a través de nueve diferentes amos. Es un tipo de literatura popular. Si bien hay quienes definen al "pícaro" como amoral, a Lázaro el lector llega a quererlo, y justificar ciertas travesuras, pues la causa que lo lleva a actuar así es el hambre y la necesidad de supervivencia.

La lengua utilizada es el Castellano que si bien ya es una lengua que ha evolucionado, que dejó atrás el Romance, pero el lector encontrará usos y giros propios de la lengua de comienzos del Renacimiento.

lunes, 8 de abril de 2013

Los Romances





Concepto:

Los romances son poemas épicos o épico-líricos, casi siempre breves, compuestos originariamente para ser cantados o recitados al son de un instrumento. José Luís Alborg ha escrito que el Romancero constituye la poesía nacional española por excelencia, capaz de llegar al alma de todo un pueblo sin distinción de clases y sin necesidad de preparación intelectual.

Están formados por un número indefinido de versos octosílabos con rima asonante en los pares - manteniendo casi siempre la misma rima durante toda la composición -, mientras quedan libres los impares. Éste es el resultado de escribir como versos diferentes los dos hemistiquios de los versos heroicos, los de los cantares de gesta, que tendían a las dieciséis sílabas y eran monorrimos.

Los romances más antiguos son de finales del siglo XIV y principalmente del siglo XV. Se llaman romances viejos y pertenecen a la literatura popular y tradicional con todas sus características de transmisión oral, anonimia, variantes, etc.

Conservamos gran número de romances viejos porque en los siglos XV y XVI, como sucedió con la lírica popular, se recopilaron en Cancioneros o Romanceros, como el Cancionero de Romances , publicado hacia 1547 o el Romancero General de 1600. 

Origen:

Según la teoría más admitida, los romances más viejos proceden de ciertos fragmentos de los antiguos cantares de gesta, especialmente atractivos para el pueblo, que los retenía en la memoria y después de cierto tiempo, desgajados del cantar, cobraban vida independiente y eran cantados como composiciones autónomas con ciertas transformaciones. En palabras de Menéndez Pidal: "Los oyentes se hacían repetir el pasaje más atractivo del poema que el cantor les cantaba; lo aprendían de memoria y al cantarlo ellos, a su vez, lo popularizaban, formando con esos pocos versos un canto aparte, independiente: un romance". Son los llamados romances épico tradicionales .

Más tarde, los juglares, dándose cuenta del éxito de los romances tradicionales, compusieron otros muchos, no desgajados de un cantar, sino inventados por ellos, generalmente más extensos y con una temática más amplia. Los autores desaparecen en el anonimato, y la colectividad, plenamente identificada con ellos, los canta, modifica y transmite. Estos últimos se conocen con el nombre de romances juglarescos.

Estilo:

Desde el punto de vista estilístico, el Romancero manifiesta una gran sencillez y sobriedad de recursos: descripciones parcas y realistas, casi total ausencia de elementos fantásticos o maravillosos, escasez de adjetivos y metáforas. A pesar de ello se consigue una extraordinaria viveza narrativa y los más variados efectos poéticos.

Destaca en el romancero la inmediata composición de la escena y la presentación de los personajes, la aproximación a la realidad con una gran fuerza plástica y el arte de saber llevar, sin dilaciones, la atención del oyente hacia el núcleo temático. Se combinan admirablemente la narración y el diálogo; mediante éste se consigue el característico movimiento dramático de muchos romanes.

La alternancia en la utilización de las formas verbales - presente/pretérito - es otro aspecto que anima la narración con el cambio de perspectivas temporales, desde un pasado lejano a un pasado cercano e incluso a un presente o viceversa.

Las fórmula expresivas más utilizadas son las repeticiones de palabras o frases y el uso del paralelismo para conseguir una mayor intensidad emocional y rítmica. También se usan con mucha frecuencia las formas deícticas, apostróficas y exclamativas para conseguir mayor emotividad y recabar la atención del oyente.

Otra característica muy importante es el fragmentarismo: El romance se centra en un momento determinado de la acción. Los antecedentes no aparecen porque son conocidos o no interesan, y se entra, como ya hemos dicho, directamente en el asunto. Además, con mucha frecuencia, la narración se rompe bruscamente sin que se conozca el desenlace final. El resultado es de una increíble eficacia poética, al atrapar al oyente en el misterio y la emoción, y hacerle participar con su propia imaginación, lanzada a una actividad creadora personal.

jueves, 7 de junio de 2012

Lazarillo de Tormes. (Texto)


Texto completo del Lazarillo de Tormes: 

 Tratado Primero
Cuenta Lázaro su vida, y cuyo hijo fue

Pues sepa vuestra merced ante todas cosas que a mí llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tome González y de Antonia Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca. Mi nacimiento fue dentro del río Tormes, por la cual causa tomé el sobrenombre, y fue desta manera. Mi padre, que Dios perdone, tenía cargo de proveer una molienda de una acena, que esta ribera de aquel río, en la cual fue molinero mas de quince anos; y estando mi madre una noche en la acena, preñada de mí, tomole el parto y pariome allí: de manera que con verdad puedo decir nacido en el río. Pues siendo yo niño de ocho años, achacaron a mi padre ciertas sangrías mal hechas en los costales de los que allí a moler venían, por lo que fue preso, y confeso y no negó y padeció persecución por justicia. Espero en Dios que está en la Gloria, pues el Evangelio los llama bienaventurados. En este tiempo se hizo cierta armada contra moros, entre los cuales fue mi padre, que a la sazón estaba desterrado por el desastre ya dicho, con cargo de acemilero de un caballero que allá fue, y con su señor, como leal criado, feneció su vida.
Mi viuda madre, como sin marido y sin abrigo se viese, determinó arrimarse a los buenos por ser uno dellos, y vínose a vivir a la ciudad, y alquiló una casilla, y metiose a guisar de comer a ciertos estudiantes, y lavaba la ropa a ciertos mozos de caballos del Comendador de la Magdalena, de manera que fue frecuentando las caballerizas. Ella y un hombre moreno de aquellos que las bestias curaban, vinieron en conocimiento. Este algunas veces se venía a nuestra casa, y se iba a la mañana; otras veces de día llegaba a la puerta, en achaque de comprar huevos, y entrabase en casa. Yo al principio de su entrada, pesábame con él y habíale miedo, viendo el color y mal gesto que tenía; mas de que vi que con su venida mejoraba el comer, fuile queriendo bien, porque siempre traía pan, pedazos de carne, y en el invierno leños, a que nos calentábamos. De manera que, continuando con la posada y conversación, mi madre vino a darme un negrito muy bonito, el cual yo brincaba y ayudaba a calentar. Y acuérdome que, estando el negro de mi padre trabajando con el mozuelo, como el niño veía a mi madre y a mí blancos, y a él no, huía del con miedo para mi madre, y señalando con el dedo decía: "¡Madre, coco!" Respondió él riendo: "¡Hideputa!"
Yo, aunque bien muchacho, note aquella palabra de mi hermanico, y dije entre mí:
"¡Cuantos debe de haber en el mundo que huyen de otros porque no se ven a sí mesmos!"
Quiso nuestra fortuna que la conversación del Zaide, que así se llamaba, llegó a oídos del mayordomo, y hecha pesquisa, hallose que la mitad por medio de la cebada, que para las bestias le daban, hurtaba, y salvados, leña, almohazas, mandiles, y las mantas y sábanas de los caballos hacía pérdidas, y cuando otra cosa no tenía, las bestias desherraba, y con todo esto acudía a mi madre para criar a mi hermanico. No nos maravillemos de un clérigo ni fraile, porque el uno hurta de los pobres y el otro de casa para sus devotas y para ayuda de otro tanto, cuando a un pobre esclavo el amor le animaba a esto. Y probósele cuanto digo y aun más, porque a mí con amenazas me preguntaban, y como niño respondía, y descubría cuanto sabía con miedo, hasta ciertas herraduras que por mandado de mi madre a un herrero vendí. Al triste de mi padrastro azotaron y pringaron, y a mi madre pusieron pena por justicia, sobre el acostumbrado centenario, que en casa del sobredicho Comendador no entrase, ni al lastimado Zaide en la suya recibiese.
Por no echar la soga tras el caldero, la triste se esforzó y cumplió la sentencia; y por evitar peligro y quitarse de malas lenguas, se fue a servir a los que al presente vivían en el mesón de la Solana; y allí, padeciendo mil importunidades, se acabó de criar mi hermanico hasta que supo andar, y a mí hasta ser buen mozuelo, que iba a los huéspedes por vino y candelas y por lo demás que me mandaban. En este tiempo vino a posar al mesón un ciego, el cual, pareciéndole que yo sería para adestralle, me pidió a mi madre, y ella me encomendó a él, diciéndole cómo era hijo de un buen hombre, el cual por ensalzar la fe había muerto en la de los Gelves, y que ella confiaba en Dios no saldría peor hombre que mi padre, y que le rogaba me tratase bien y mirase por mí, pues era huérfano. Él le respondió que así lo haría, y que me recibía no por mozo sino por hijo. Y así le comencé a servir y adestrar a mi nuevo y viejo amo.
Como estuvimos en Salamanca algunos días, pareciéndole a mi amo que no era la ganancia a su contento, determinó irse de allí; y cuando nos hubimos de partir, yo fui a ver a mi madre, y ambos llorando, me dio su bendición y dijo:
"Hijo, ya sé que no te veré más. Procura ser bueno, y Dios te guíe. Criado te he y con buen amo te he puesto. Válete por ti. "Y así me fui para mi amo, que esperándome estaba. Salimos de Salamanca, y llegando a la puente, está a la entrada della un animal de piedra, que casi tiene forma de toro, y el ciego mandome que llegase cerca del animal, y allí puesto, me dijo:
"Lázaro, llega el oído a este toro, y oirás gran ruido dentro del". Yo simplemente llegué, creyendo ser así; y como sintió que tenia la cabeza par de la piedra, afirmó recio la mano y diome una gran calabazada en el diablo del toro, que más de tres días me duró el dolor de la cornada, y díjome:
"Necio, aprende que el mozo del ciego un punto ha de saber más que el diablo", y rio mucho la burla.
Pareciome que en aquel instante desperté de la simpleza en que como niño dormido estaba. Dije entre mí:
"Verdad dice este, que me cumple avivar el ojo y avisar, pues solo soy, y pensar cómo me sepa valer."
Comenzamos nuestro camino, y en muy pocos días me mostró jerigonza, y como me viese de buen ingenio, holgábase mucho, y decía:
"Yo oro ni plata no te lo puedo dar, mas avisos para vivir muchos te mostraré."
Y fue así, que después de Dios este me dio la vida, y siendo ciego me alumbró y adestró en la carrera de vivir. Huelgo de contar a vuestra merced estas niñerías para mostrar cuánta virtud sea saber los hombres subir siendo bajos, y dejarse bajar siendo altos cuánto vicio.
Pues tornando al bueno de mi ciego y contando sus cosas, vuestra merced sepa que desde que Dios crió el mundo, ninguno formó más astuto ni sagaz. En su oficio era un águila; ciento y tantas oraciones sabía de coro: un tono bajo, reposado y muy sonable que hacia resonar la iglesia donde rezaba, un rostro humilde y devoto que con muy buen continente ponía cuando rezaba, sin hacer gestos ni visajes con boca ni ojos, como otros suelen hacer. Allende desto, tenía otras mil formas y maneras para sacar el dinero. Decía saber oraciones para muchos y diversos efectos: para mujeres que no parían, para las que estaban de parto, para las que eran malcasadas, que sus maridos las quisiesen bien; echaba pronósticos a las preñadas, si traía hijo o hija. Pues en caso de medicina, decía que Galeno no supo la mitad que él para muela, desmayos, males de madre.
Finalmente, a nadie le decía padecer alguna pasión, que luego no le decía: "Haced esto, haréis estotro, cosed tal yerba, tomad tal raíz." Con esto andábase todo el mundo tras él, especialmente mujeres, que cuanto les decían creían. Destas sacaba él grandes provechos con las artes que digo, y ganaba más en un mes que cien ciegos en un año.
Mas también quiero que sepa vuestra merced que, con todo lo que adquiría, jamás tan avariento ni mezquino hombre no vi, tanto que me mataba a mí de hambre, y así no me demediaba de lo necesario.
Digo verdad: si con mi sotileza y buenas mañas no me supiera remediar, muchas veces me finara de hambre; mas con todo su saber y aviso le contaminaba de tal suerte que siempre, o las más veces, me cabía lo más y mejor. Para esto le hacía burlas endiabladas, de las cuales contaré algunas, aunque no todas a mi salvo.
Él traía el pan y todas las otras cosas en un fardel de lienzo que por la boca se cerraba con un aro de hierro y su candado y su llave, y al meter de todas las cosas y sacallas, era con tan gran vigilancia y tanto por contadero, que no bastaba hombre en todo el mundo hacerle menos una migaja; mas yo tomaba aquella lacería que él me daba, la cual en menos de dos bocados era despachada.
Después que cerraba el candado y se descuidaba pensando que yo estaba entendiendo en otras cosas, por un poco de costura, que muchas veces de un lado del fardel descosía y tornaba a coser, sangraba el avariento fardel, sacando no por tasa pan, mas buenos pedazos, torreznos y longaniza; y así buscaba conveniente tiempo para rehacer, no la chaza, sino la endiablada falta que el mal ciego me faltaba. Todo lo que podía sisar y hurtar, traía en medias blancas; y cuando le mandaban rezar y le daban blancas, como él carecía de vista, no había el que se la daba amagado con ella, cuando yo la tenia lanzada en la boca y la media aparejada, que por presto que el echaba la mano, ya iba de mi cambio aniquilada en la mitad del justo precio. Quejábaseme el mal ciego, porque al tiento luego conocía y sentía que no era blanca entera, y decía:
"¿Qué diablo es esto, que después que conmigo estás no me dan sino medias blancas, y de antes una blanca y un maravedí hartas veces me pagaban? En ti debe estar esta desdicha."
También él abreviaba el rezar y la mitad de la oración no acababa, porque me tenia mandado que en yéndose el que la mandaba rezar, le tirase por el cabo del capuz. Yo así lo hacia. Luego él tornaba a dar voces, diciendo: "¿Mandan rezar tal y tal oración?", como suelen decir. Usaba poner cabe si un jarrillo de vino cuando comíamos, y yo muy de presto le asía y daba un par de besos callados y tornábale a su lugar. Mas durome poco, que en los tragos conocía la falta, y por reservar su vino a salvo nunca después desamparaba el jarro, antes lo tenía por el asa asido; mas no había piedra imán que así trajese a sí como yo con una paja larga de centeno, que para aquel menester tenía hecha, la cual metiéndola en la boca del jarro, chupando el vino lo dejaba a buenas noches. Mas como fuese el traidor tan astuto, pienso que me sintió, y dende en adelante mudó propósito, y asentaba su jarro entre las piernas, y tapábale con la mano, y así bebía seguro. Yo, como estaba hecho al vino, moría por él, y viendo que aquel remedio  no me aprovechaba ni valía, acorde en el suelo del jarro hacerle una fuentecilla y agujero sotil, y delicadamente con una muy delgada tortilla de cera taparlo, y al tiempo de comer, fingiendo haber frío, entrábame entre las piernas del triste ciego a calentarme en la pobrecilla lumbre que teníamos, y al calor della luego derretida la cera, por ser muy poca, comenzaba la fuentecilla a destillarme en la boca, la cual yo de tal manera ponía que maldita la gota se perdía. Cuando el pobreto iba a beber, no hallaba nada: espantábase, maldecía, daba al diablo el jarro y el vino, no sabiendo qué podía ser.
"No diréis, tío, que os lo bebo yo -decía-, pues no le quitáis de la mano."
Tantas vueltas y tiento dio al jarro, que halló la fuente y cayó en la burla; mas así lo disimuló como si no lo hubiera sentido, y luego otro día, teniendo yo rezumando mi jarro como solía, no pensando en el daño que me estaba aparejado ni que el mal ciego me sentía, senteme como solía, estando recibiendo aquellos dulces tragos, mi cara puesta hacia el cielo, un poco cerrados los ojos por mejor gustar el sabroso licor, sintió el desesperado ciego que agora tenía tiempo de tomar de mí venganza y con toda su fuerza, alzando con dos manos aquel dulce y amargo jarro, le dejó caer sobre mi boca, ayudándose, como digo, con todo su poder, de manera que el pobre Lázaro, que de nada desto se guardaba, antes, como otras veces, estaba descuidado y gozoso, verdaderamente me pareció que el cielo, con todo lo que en él hay, me había caído encima. Fue tal el golpecillo, que me desatinó y sacó de sentido, y el jarrazo tan grande, que los pedazos del se me metieron por la cara, rompiéndomela por muchas partes, y me quebró los dientes, sin los cuales hasta hoy día me quedé.
Desde aquella hora quise mal al mal ciego, y aunque me quería y regalaba y me curaba, bien vi que se había holgado del cruel castigo. Lavome con vino las roturas que con los pedazos del jarro me había hecho, y sonriéndose decía: "¿Qué te parece, Lázaro? Lo que te enfermó te sana y da salud", y otros donaires que a mi gusto no lo eran.
Ya que estuve medio bueno de mi negra trepa y cardenales, considerando que a pocos golpes tales el cruel ciego ahorraría de mí, quise yo ahorrar del; mas no lo hice tan presto por hacello mas a mí salvo y provecho. Y aunque yo quisiera asentar mi corazón y perdonalle el jarrazo, no daba lugar el maltratamiento que el mal ciego desde allí adelante me hacía, que sin causa ni razón me hería, dándome coscorrones y repelándome. Y si alguno le decía por que me trataba tan mal, luego contaba el cuento del jarro, diciendo:
"¿Pensareis que este mi mozo es algún inocente? Pues oíd si el demonio ensayara otra tal hazaña."
Santiguándose los que lo oían, decían: "¡Mira, quien pensara de un muchacho tan pequeño tal ruindad!", y reían mucho el artificio, y decíanle: "Castigaldo, castigaldo, que de Dios lo habréis."
Y él con aquello nunca otra cosa hacía. Y en esto yo siempre le llevaba por los peores caminos, y adrede, por  hacerle mal y daño: si había piedras, por ellas, si lodo, por lo más alto; que aunque yo no iba por lo mas enjuto, holgábame a mí de quebrar un ojo por quebrar dos al que ninguno tenía. Con esto siempre con el cabo alto del tiento me atentaba el colodrillo, el cual siempre traía lleno de tolondrones y pelado de sus manos; y aunque yo juraba no lo hacer con malicia, sino por no hallar mejor camino, no me aprovechaba ni me creía más: tal era el sentido y el grandísimo entendimiento del traidor.
Y porque vea vuestra merced a cuánto se extendía el ingenio deste astuto ciego, contaré un caso de muchos que con él me acaecieron, en el cual me parece dio bien a entender su gran astucia. Cuando salimos de Salamanca, su motivo fue venir a tierra de Toledo, porque decía ser la gente más rica, aunque no muy limosnera. Arrimábase a este refrán: "Más da el duro que el desnudo." Y venimos a este camino por los mejores lugares. Donde hallaba buena cortesía y ganancia, deteníamonos; donde no, al tercer día hacíamos San Juan.
Acaeció que llegando a un lugar que llaman Almorox, al tiempo que prendían las uvas, un vendimiador le dio un racimo dellas en limosna, y como suelen ir los cestos maltratados y también porque la uva en aquel tiempo está muy madura, desgranábasele el racimo en la mano; para echarlo en el fardel tornábase mosto, y lo que a él se llegaba. Acordó de hacer un banquete, así por no lo poder llevar como por contentarme, que aquel día me había dado muchos rodillazos y golpes. Sentámonos en un valladar y dijo:
"Agora quiero yo usar contigo de una liberalidad, y es que ambos comamos este racimo de uvas, y que hayas del tanta parte como yo.
Partillo hemos desta manera: tú picarás una vez y yo otra; con tal que me prometas no tomar cada vez más de una uva, yo haré lo mesmo hasta que lo acabemos, y desta suerte no habrá engaño."
Hecho así el concierto, comenzamos; mas luego al segundo lance; el traidor mudó de propósito y comenzó a tomar de dos en dos, considerando que yo debería hacer lo mismo. Como vi que él quebraba la postura, no me contente ir a la par con él, mas aun pasaba adelante: dos a dos, y tres a tres, y como podía las comía.
Acabado el racimo, estuvo un poco con el escobajo en la mano y meneando la cabeza dijo:
"Lázaro, engañado me has: juraré yo a Dios que has tu comido las uvas tres a tres”. No comí -dije yo- más ¿por qué sospecháis eso?" Respondió el sagacísimo ciego:
"¿Sabes en qué veo que las comiste tres a tres? En que comía yo dos a dos y callabas" , a lo cual yo no respondí.
(…)
Mas por no ser prolijo dejo de contar muchas cosas, así graciosas como de notar, que con este mi primer amo me acaecieron, y quiero decir el despidiente y con el acabar.
Estábamos en Escalona, villa del duque della, en un mesón, y diome un pedazo de longaniza que la asase. Ya que la longaniza había pringado y comídose las pringadas, sacó un maravedí de la bolsa y mandó que fuese por el de vino a la taberna. Púsome el demonio el aparejo delante los ojos, el cual, como suelen decir, hace al ladrón, y fue que había cabe el fuego un nabo pequeño, larguillo y ruinoso, y tal que, por no ser para la olla, debió ser echado allí. Y como al presente nadie estuviese sino él y yo solos, como me vi con apetito goloso, habiéndome puesto dentro el sabroso olor de la longaniza, del cual solamente sabía que había de gozar, no mirando que me podría suceder, pospuesto todo el temor por cumplir con el deseo, en tanto que el ciego sacaba de la bolsa el dinero, saqué la longaniza y muy presto metí el sobredicho nabo en el asador, el cual mi amo, dándome el dinero para el vino, tomó y comenzó a dar vueltas al fuego, queriendo asar al que de ser cocido por sus deméritos había escapado.
Yo fui por el vino, con el cual no tardé en despachar la longaniza, y cuando vine hallé al pecador del ciego que tenía entre dos rebanadas apretado el nabo, al cual aun no había conocido por no lo haber tentado con la mano. Como tomase las rebanadas y mordiese en ellas pensando también llevar parte de la longaniza, hallose en frío con el frío nabo. Alterose y dijo:
"¿Que es esto, Lazarillo?"
"¡Lacerado de mí! -dije yo-. ? ¿Si queréis a mi echar algo? ?¿Yo no vengo de traer el vino? Alguno estaba ahí, y por burlar haría esto."
"No, no -dijo él-, que yo no he dejado el asador de la mano; no es posible"
Yo torné a jurar y perjurar que estaba libre de aquel trueco y cambio; mas poco me aprovechó, pues a las astucias del maldito ciego nada se le escondía. Levantose y asiome por la cabeza, y llegose a olerme; y como debió sentir el huelgo, a uso de buen podenco, por mejor satisfacerse de la verdad, y con la gran agonía que llevaba, asiéndome con las manos, abríame la boca más de su derecho y desatentadamente metía la nariz, la cual él tenía luenga y afilada, y a aquella sazón con el enojo se habían aumentado un palmo, con el pico de la cual me llegó a la gulilla. Y con esto y con el gran miedo que tenía, y con la brevedad del tiempo, la negra longaniza aun no había hecho asiento en el estomago, y lo más principal, con el destiento de la cumplidísima nariz medio cuasi ahogándome, todas estas cosas se juntaron y fueron causa que el hecho y golosina se manifestase y lo suyo fuese devuelto a su dueño: de manera que antes que el mal ciego sacase de mi boca su trompa, tal alteración sintió mi estómago que le dio con el hurto en ella, de suerte que su nariz y la negra malmascada longaniza a un tiempo salieron de mi boca.
¡Oh, gran Dios, quién estuviera aquella hora sepultado, que muerto ya lo estaba! Fue tal el coraje del perverso ciego que, si al ruido no acudieran, pienso no me dejara con la vida. Sacáronme de entre sus manos, dejándoselas llenas de aquellos pocos cabellos que tenía, arañada la cara y rascuñado el pescuezo y la garganta; y esto bien lo merecía, pues por su maldad me venían tantas persecuciones.
Contaba el mal ciego a todos cuantos allí se allegaban mis desastres, y dábales cuenta una y otra vez, así de la del jarro como de la del racimo, y agora de lo presente. Era la risa de todos tan grande que toda la gente que por la calle pasaba entraba a ver la fiesta; mas con tanta gracia y donaire recontaba el ciego mis hazañas que, aunque yo estaba tan maltratado y llorando, me parecía que hacía injusticia en no se las reír.
Y en cuanto esto pasaba, a la memoria me vino una cobardía y flojedad que hice, por que me maldecía, y fue no dejalle sin narices, pues tan buen tiempo tuve para ello que la mitad del camino estaba andado; que con solo apretar los dientes se me quedaran en casa, y con ser de aquel malvado, por ventura lo retuviera mejor mi estomago que retuvo la longaniza, y no pareciendo ellas pudiera negar la demanda. Pluguiera a Dios que lo hubiera hecho, que eso fuera así que así. Hiciéronnos amigos la mesonera y los que allí estaban, y con el vino que para beber le había traído, laváronme la cara y la garganta, sobre lo cual discantaba el mal ciego donaires, diciendo:
"Por verdad, más vino me gasta este mozo en lavatorios al cabo del año que yo bebo en dos. A lo menos, Lázaro, eres en más cargo al vino que a tu padre, porque él una vez te engendró, mas el vino mil te ha dado la vida."
Y luego contaba cuantas veces me había descalabrado y arpado la cara, y con vino luego sanaba.
"Yo te digo -dijo- que si un hombre en el mundo ha de ser bienaventurado con vino, que serás tú."
Y reían mucho los que me lavaban con esto, aunque yo renegaba. Mas el pronóstico del ciego no salió mentiroso, y después acá muchas veces me acuerdo de aquel hombre, que sin duda debía tener espíritu de profeta, y me pesa de los sinsabores que le hice, aunque bien se lo pague, considerando lo que aquel día me dijo salirme tan verdadero como adelante vuestra merced oirá.
Visto esto y las malas burlas que el ciego burlaba de mí, determiné de todo en todo dejalle, y como lo traía pensado y lo tenía en voluntad, con este postrer juego que me hizo afirmelo más. Y fue ansí, que luego otro día salimos por la villa a pedir limosna, y había llovido mucho la noche antes; y porque el día también llovía, y andaba rezando debajo de unos portales que en aquel pueblo había, donde no nos mojamos; mas como la noche se venía y el llover no cesaba, díjome el ciego:
"Lázaro, esta agua es muy porfiada, y cuanto la noche más cierra, más recia. Protejámonos a la posada con tiempo."
Para ir allá, habíamos de pasar un arroyo que con la mucha agua iba grande. Yo le dije:
"Tío, el arroyo va muy ancho; mas si queréis, yo veo por donde atravesemos mas aína sin nos mojar, porque se estrecha allí mucho, y saltando pasaremos a pie enjuto" Pareciole buen consejo y dijo:
"Discreto eres; por esto te quiero bien. Llévame a ese lugar donde el arroyo se ensangosta, que agora es invierno y sabe mal el agua, y más llevar los pies mojados."
Yo, que vi el aparejo a mi deseo, saquele debajo de los portales, y llevelo derecho de un pilar o poste de piedra que en la plaza estaba, sobre la cual y sobre otros cargaban saledizos de aquellas casas, y dígole: "Tío, este es el paso más angosto que en el arroyo hay."
Como llovía recio, y el triste se mojaba, y con la priesa que llevábamos de salir del agua que encima de nos caía, y lo más principal, porque Dios le cegó aquella hora el entendimiento (fue por darme del venganza), creyose de mí y dijo:
"Ponme bien derecho, y salta tú el arroyo."
Yo le puse bien derecho enfrente del pilar, y doy un salto y póngome detrás del poste como quien espera tope de toro, y díjele:
"¡Sus! Salta todo lo que podáis, porque deis deste cabo del agua. "Aun apenas lo había acabado de decir cuando se abalanza el pobre ciego como cabrón, y de toda su fuerza arremete, tomando un paso atrás de la corrida para hacer mayor salto, y da con la cabeza en el poste, que sonó tan recio como si diera con una gran calabaza, y cayó luego para atrás, medio muerto y hendida la cabeza.
"¿Cómo, y oliste la longaniza y no el poste? ¡Ole! ¡Ole! -le dije yo. Y dejele en poder de mucha gente que lo había ido a socorrer, y tomé la puerta de la villa en los pies de un trote, y antes que la noche viniese di conmigo en Torrijos. No supe más lo que Dios del hizo, ni cure de lo saber.

sábado, 5 de mayo de 2012

El Pueblo Hebreo y la Biblia


La Tierra Prometida.



El Cercano Oriente, en especial la región que la Biblia denomina Canaán y los romanos llamaron Palestina, es la zona donde floreció la cultura hebrea. Este pueblo nómada procedente de la Mesopotamia, se asentó en esa región dedicándose a la ganadería, la agricultura y el comercio. Fue una tierra de tránsito, objeto de invasiones, destierros y también retornos.

Se trató de una sociedad patriarcal ya que se le daba el título de patriarca al hombre jefe de la familia. Del patriarca dependían su esposa así como también sus hijos con sus respectivas familias menores (clan). La sucesión era por línea masculina y tenía prioridad el primogénito. El padre de cada casa tenía derecho  de vida y muerte sobre sus hijos y estos le debían obediencia.

Según el relato bíblico, Abraham fue el fundador de la primera fe monoteísta y a la vez primer patriarca del pueblo hebreo. Fue el hombre que realizó el primer pacto o ALIANZA con Dios la cual establecía que a cambio de obediencia y fidelidad el pueblo tendría su ayuda y protección.

Más adelante Moisés será el padre espiritual del pueblo hebreo y líder de su liberación del cautiverio en Egipto, por intermedio de él dios hace entrega de las Tablas de la Ley con los Diez Mandamientos, considerados preceptos éticos de gran importancia para la humanidad.

Este pueblo monoteísta se diferenciaba de los demás pueblos contemporáneos que mantenían el politeísmo. Además, el dios hebreo es perfecto, omnipresente, omnipotente y omnisciente y sobre todo es el único capaz de juzgar sobre el bien y el mal. 

La BIBLIA



Se llama BIBLIA al conjunto de escritos del pueblo hebreo que el judaísmo y el cristianismo consideran de un valor religioso superior. La palabra bibliase deriva del griego biblión: "conjunto de libros" por lo cual se la puede considerar como una pequeña biblioteca. 

Esta obra trata de las relaciones entre Dios y el hombre, por medio de ella dios se revela a sí mismo y da a conocer su voluntad y su propósito redentor. Contiene por lo tanto la acción poderosa de Dios en la historia humana.

La Biblia que los cristianos reconocen se compone de dos grandes secciones, llamadas respectivamente ANTIGUO TESTAMENTO y NUEVO TESTAMENTO. La Biblia que los judíos reconocen es el Antiguo Testamento.

Los autores de los escritos y libros que los componen se sirvieron del lenguaje del pueblo al que pertenecían en la época en que ellos escribían, por eso los que forman en Antiguo Testamento están escritos en hebreo y arameo y los del Nuevo Testamento en griego. A partir de estas lenguas se han hecho traducciones a las demás lenguas del mundo.

Estos autores, en el curso de más de mil años, se valieron de tradiciones orales y escritas y eligieron diferentes formas para expresarlas por lo que podemos encontrar en la Biblia poesía, narraciones, dichos, leyes, instrucciones, proverbios, entre otros.

Además de considerarse una obra fundamental de la literatura universal, no debemos olvidar que representa un libro sagrado para judíos y cristianos que han escuchado en ella la voz de Dios que les habla directamente en cada época y situación.

ANTIGUO TESTAMENTO

La primera gran sección de la Biblia de los cristianos se conoce comoAntiguo Testamento. En este caso la palabra testamento se usa como sinónimo de pacto, convenio o alianza. En este sentido Antiguo Testamento equivale a "Antiguo Pacto", también se lo conoce como Escrituras o Sagradas Escrituras.

El texto que sirve de base para esta sección es el masorético, oficialmente conservado, transmitido y autorizado por eruditos bíblicos. El hebreo se escribía en un principio solo con las consonantes, no se veía con claridad la separación entre las palabras por lo cual algunos términos se interpretan de manera diferente.

En la biblia hebrea los textos de esta sección se clasifican en tres grupos llamados la Ley, los Profetas y los Escritos. El primer grupo está formado por los primeros cinco libros (Pentateuco); en el segundo se incluyen los libros de historia como los de Josué, Jueces, Samuel y Reyes; el tercer grupo comprende los libros restantes, terminando con los de Crónicas.

El Antiguo Testamento tiene relación principalmente con el pacto o alianza que Dios establece primero con los patriarcas, y después con sus descendientes, que vinieron a formar el pueblo de Israel. Dios eligió a este pueblo para mostrar en él cómo se propone realizar sus designios para el género humano. Además relata cómo históricamente el pueblo fue algunas veces fiel al pacto y cómo otras se apartaba de él. Refiere los desastres que Israel sufría cuando caía en la infidelidad, y cómo a pesar de todo, Dios se mantenía fiel a sus promesas de redención.

NUEVO TESTAMENTO

El Nuevo Testamento equivale al Nuevo Pacto y es la sección que trata sobre Jesucristo quien renueva el pacto de Dios con el pueblo a partir de su persona y obra redentora. Esto se basa en las "buenas noticias" (Evangelios) de que Dios llega al hombre en la persona de Jesús y en él ofrece la salvación a todos los hombres, de cualquier pueblo y nación que confíen en él como Señor y Salvador.

El Nuevo Testamento contiene las escrituras reconocidas como de inspiración divina por todas las confesiones cristianas. Son veintisiete libros escritos por unos diez autores en el curso de más o menos cincuenta años. Los primeros cuatro son los Evangelios, seguidos de los Hechos de los Apóstoles, las cartas del Apóstol Pablo, cartas universales y Apocalipsis.