El título de este blog hace referencia a Cien Años de Soledad y los fierros mágicos que Melquíades traía para sombro de los habitantes de Macondo. El objetivo es compartir información sobre autores y obras literarias de importancia universal.
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domingo, 11 de mayo de 2014
martes, 20 de agosto de 2013
sábado, 13 de octubre de 2012
Juan Gelman, información y poemas.
JUAN GELMAN.
Poeta argentino nacido en Buenos Aires en 1930. Hijo de inmigrantes
rusos, se inició en la poesía desde muy pequeño, orientado por su hermano Boris
quien fue un lector compulsivo. Abandonó su carrera de Química para dedicarse
por completo al destino de las letras.
Salió de Argentina en 1976 durante la dictadura militar y vivió en el
exilio en México, donde decidió fijar la residencia en forma definitiva.
En 1997 obtuvo el Premio Nacional de Poesía en Argentina, el premio Juan
Rulfo en el año 2000, en 2004 el Premio
Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde, en 2005 los premios
Iberoamericano Pablo Neruda y Reina Sofía de Poesía, y en el año 2007 el Premio
Cervantes.
XVI
No debiera arrancarse a
la gente de su tierra o país, no a la fuerza.
La gente queda dolorida,
la tierra queda dolorida.
Nacemos y nos cortan el
cordón umbilical. Nos destierran y
nadie nos corta la
memoria, la lengua, las calores. Tenemos que
aprender a vivir como el
clavel del aire, propiamente del aire.
Soy una planta
monstruosa. Mis raíces están a miles de
kilómetros de mí y no
nos ata un tallo, nos separan dos mares
y un océano. El sol me
mira cuando ellas respiran en la noche,
duelen de noche bajo el
sol.
Arte poética
Entre tantos oficios
ejerzo éste que no es mío,
como un amo implacable
me obliga a trabajar de
día, de noche,
con dolor, con amor,
bajo la lluvia, en la
catástrofe,
cuando se abren los
brazos de la ternura o del, alma,
cuando la enfermedad
hunde las manos.
A este oficio me obligan
los dolores ajenos,
las lágrimas, los
pañuelos saludadores,
las promesas en medio
del otoño o del fuego,
los besos del encuentro,
los besos del adiós,
todo me obliga a
trabajar con las palabras, con la sangre.
Nunca fui el dueño de
mis cenizas, mis versos,
rostros oscuros los
escriben como tirar contra la muerte.
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Antonio Skármeta.
Biografía-
Antonio Skármeta nació el 7 de noviembre de 1940 en Antofagasta, Chile. Sus padres procedían de Croacia. Cursó la primaria en el Colegio San Luis y en el Colegio Inglés de Santiago. En 1949 sus padres emigraron a Argentina y vivió tres años en Buenos Aires donde estudió en la Escuela Pública Casto Munita de Belgrano. Después volvieron a Chile donde continuó sus estudios en el liceo de Antofagasta y después en el Instituto Nacional. En esta época leyó sus primeros cuentos en la Academia de Letras y en su último año de secundaria fue elegido presidente de este grupo literario.
En la Universidad de Chile cursó Filosofía a la vez que asistía a las clases de la Escuela Nocturna de Teatro de la misma universidad. El teatro le permitió realizar sus primeros viajes, en 1959 recorrió Bolivia y Perú con un grupo de titiriteros y después actuó en otro grupo teatral que lo llevó a Argentina, Uruguay y Brasil.
Y se enroló en un barco para legar a EEUU, donde viajó por California y hasta México. De ese tiempo datan las traducciones que hizo para la editorial Zig-zag de novelas de Hermann Melville, Jack Kerouac, Scott Fitzgerald y Norman Mailer, entre otros. En los últimos años de la universidad se desempeñó como profesor ayudante en el Departamento de Filosofía del profesor Francisco Soler.
En 1964 obtuvo una Beca Fulbright para realizar estudios de postgrado en Estados Unidos. Viajó con su esposa Cecilia Boisier y durante dos años vivieron en Nueva York hasta terminar sus estudios de literatura con un trabajo sobre la narrativa de Julio Cortázar. Obtuvo el Master of Arts en 1966, ese año volvieron a Chile y nació su primer hijo Beltrán.
Al año siguiente publicó su primer libro de cuentos, El entusiasmo.
En 1968 nació su segundo hijo, Gabriel.
En aquella época inicia trabajos esporádicos en la televisión y participa en un programa de literatura en el Canal de la Universidad de Chile llamado “Libro abierto”.
Fue el premio Casa de las Américas, otorgado en Cuba en 1969, el que le valió prestigio internacional como escritor. Pasó una época en París pero el triunfo de la Unidad Popular en Chile lo decidió a regresar a Chile donde se desempeñó como profesor de Literatura Chilena en la cátedra de la Universidad de Chile y Católica. Colaboró con la revista La Quinta Rueda de Editorial Quimantú, donde propone aliar la cultura tradicional con el mundo de la subcultura.
Entre 1970 y 1973 participó en la reforma en la universidad así como en iniciativas de difusión cultural en sectores populares muy acorde al espíritu gregario del período. En 1973 se publicó su segundo volumen de cuentos, Tiro libre.
Tras el golpe militar tuvo que abandonar Chile de nuevo, vivió en Argentina y después Portugal y Berlín donde recibió la beca del Programa de las Artes de la Academia Alemana de Intercambio Académico y escribió su primera novela, Soñé que la nieve ardía. En Alemania impartió clases en la Universidad de Bonn y fue profesor de guión en la Academia de Cine y Televisión Alemana.
En 1980 viajó a Nicaragua y escribió el guión cinematográfico de La insurrección, que filmó Peter Lilienthal. En 1985 se publicó la novela Ardiente paciencia que, con ese título y luego, el de El cartero de Neruda fue traducido a veinticinco idiomas y dio lugar a la película de Michael Radford El cartero y Pablo Neruda.
Desde mediados de los ochenta combina su creación narrativa con la escritura para el cine y la radio y las clases en diversas universidades americanas.
Algunos premios y distinciones como la Beca Guggenheim le permitieron dedicarse plenamente a la escritura y en 1989 decidió volver a Chile donde en septiembre nace su tercer hijo, Fabián con su segunda esposa, Nora Maria Preperski.
Fundó en el Instituto Goethe de Santiago y el taller literario Heinrich Böll.
En 1992 creó el espacio televisivo El Show de los Libros que lo llevó a realizar otro programa para toda América Latina: La Torre de Papel.
Desde mayo de 2000 hasta febrero del 2003 fue Embajador de Chile en Alemania.
Su última novela, El baile de la Victoria, ha sido llevada al cine por Fernando Trueba y ha cosechado numerosos éxitos.
Recientemente ha sido galardonado con el Premio Iberoamericano Planeta-Casa de América de Narrativa.
BIBLIOGRAFÍA
Novela:
Soñé que la nieve ardía (1975)
No pasó nada (1980)
La Insurrección (1982)
Ardiente paciencia (1985)
Macht Ball (1989)
La boda del poeta (1999)
La chica del trombón (2001)
El baile de la victoria (2003)
Un padre de película (2010)
Relato:
El entusiasmo (1967)
Desnudo en el tejado (1969)
Tiro libre (1973)
La composición (1998)
PREMIOS
Premio Casa de las Américas (1968)
Premio Internacional de Literatura Bocaccio (1996)
Premio Altazor (1999)
Premio Llibreter (2001)
Premio Médicis Extranjero (2001)
Premio Grinzane Cavour (2001)
Premio Unesco (2003)
Premio Planeta (2003)
Premio Municipal de Literatura de Santiago de Chile (2004)
Premio Internazionale Ennio Flaiano (2006)
Premio Iberoamericano Planeta-Casa de América de Narrativa (2011)
"La composición" (1998)
Sus libros por él mismo:
Un día, mientras Pedro juega en la calle de su barrio, ve como una patrulla militar se lleva detenido al padre de su amigo Daniel. A partir de entonces, Pedro irá hilvanando los hechos que se suceden a su alrededor: la tristeza y el dolor de su familia, las noticias que llegan de afuera y que todas las noches escuchan por la radio de onda corta. Sabe que sus padres también están contra la dictadura y teme por ellos. Pero, ¿qué puede hacer él, si es sólo un niño? En este relato el autor intenta demostrar que la historia y la realidad política son elementos que pueden conjugarse dentro de un relato destinado a los niños.
Un día, mientras Pedro juega en la calle de su barrio, ve como una patrulla militar se lleva detenido al padre de su amigo Daniel. A partir de entonces, Pedro irá hilvanando los hechos que se suceden a su alrededor: la tristeza y el dolor de su familia, las noticias que llegan de afuera y que todas las noches escuchan por la radio de onda corta. Sabe que sus padres también están contra la dictadura y teme por ellos. Pero, ¿qué puede hacer él, si es sólo un niño? En este relato el autor intenta demostrar que la historia y la realidad política son elementos que pueden conjugarse dentro de un relato destinado a los niños.
PÁGINA OFICIAL DE ANTONIO SKÁRMETA:
MAIL DE CONTACTO DE ANTONIO SKÁRMETA: cordillero@gmail.com
jueves, 16 de agosto de 2012
Bradbury y la Ciencia Ficción.
Ciencia Ficción
La Ciencia Ficción es un subgénero literario que se basa en ideas científicas para crear narraciones sobre mundos paralelos o sociedades futuras basadas en supuestas teorías aún no comprobadas. Este género se ha desarrollado durante el siglo XX tanto en la literatura como en el cine.
La ciencia ficción se ocupa de acontecimientos que aún no han tenido lugar, ofreciendo un análisis racional de sus causas y consecuencias, abordando los efectos que los cambios producen sobre los individuos y la especie humana en general. Sus temas más importantes son: el futuro, los viajes por el espacio o el tiempo, la vida en otros planetas y las crisis generadas por el más uso de las tecnologías.
En el siglo XX se destacan muchos autores en este género: A. Huxley y George Orwell con sus utopías negativas que describen una sociedad terrorífica, asfixiante y deshumanizada, sometida a la tiranía de la ciencia y la política. También Isaac Asimov como gran divulgador científico y Ray Bradbury, también conocido como escritor de literaturas fantásticas.
La ciencia ficción se ocupa de acontecimientos que aún no han tenido lugar, ofreciendo un análisis racional de sus causas y consecuencias, abordando los efectos que los cambios producen sobre los individuos y la especie humana en general. Sus temas más importantes son: el futuro, los viajes por el espacio o el tiempo, la vida en otros planetas y las crisis generadas por el más uso de las tecnologías.
En el siglo XX se destacan muchos autores en este género: A. Huxley y George Orwell con sus utopías negativas que describen una sociedad terrorífica, asfixiante y deshumanizada, sometida a la tiranía de la ciencia y la política. También Isaac Asimov como gran divulgador científico y Ray Bradbury, también conocido como escritor de literaturas fantásticas.
Ray Bradbury
Escritor estadounidense de ciencia ficción, conocido ante todo por sus novelas y colecciones de relatos, entre las que destacan El hombre ilustrado (1951), Fahrenheit 451(1953), ambientada en una sociedad futura donde la palabra escrita está prohibida, y El vino del estío (1957). Nació en Waukegan (Illinois), el 22 de agosto de 1920. Bradbury fue un niño extraordinariamente imaginativo y proclive a sufrir pesadillas y fantasías aterrorizadoras, que posteriormente desarrolló en sus escritos. A los doce años empezó a escribir 4 horas diarias. Vendió su primer relato en 1941 y en 1943 se dedicó plenamente a la literatura. Crónicas marcianas (1950), una novela sobre la colonización y conquista de Marte, es la más famosa de sus obras y consolidó su posición como principal autor de ficción científica. Esta novela refleja muchos de los temores presentes en la sociedad estadounidense de los años cincuenta, principalmente el miedo a una guerra nuclear, el deseo de llevar una vida sencilla y la reacción contra el racismo y la censura. Bradbury escribió también poesía, obras de teatro y guiones cinematográficos.
El Hombre Ilustrado
El hombre ilustrado (1951) es un libro de dieciocho cuentos de ciencia ficción escritos por Ray Bradbury, los cuales exploran la naturaleza humana. Las historias no tienen relación aparente entre sí, pero muchas muestran cómo la tecnología puede destruir a la humanidad afectando su psicología como tema recurrente.
Estas historias diferentes se unen con la figura que enmarca "El hombre Ilustrado", un vagabundo con su cuerpo tatuado enteramente a quien el editor del libro, que permanece anónimo, conoce. Estos tatuajes fueron hechos en teoría por una mujer del futuro, son animados y cada uno cuenta una historia diferente. Así, el relato de “El hombre Ilustrado” sirve como la narración marco para todos los cuentos. Todos excepto una de las historias habían sido publicados previamente, aunque Bradbury revisó algunos de los textos.
sábado, 19 de mayo de 2012
Carlos Fuentes.
Escritor, novelista y crítico mexicano (1928-2012) que llegó a ocupar el cargo de secretario de prensa del Centro de Información de las Naciones Unidas. En 1955, Carlos Fuentes junto a Emmanuel Carballo funda y edita la Revista Mexicana de Literatura.
En 1983, Carlos Fuentes recibe el doctorado de la Universidad de Harvard y un año después el Premio Nacional de Literatura de México. Los viajes y estadías en otros países continúan desde 1986, recibiendo numerosas distinciones y premios y conservando siempre la base y plataforma cultural mexicana.
Obras Destacadas
- Terra Nostra (1975)
- Las buenas conciencias (1959)
- La muerte de Artemio Cruz (1962)
- Aura (1962)
- El tuerto es rey (1970)
- Orquídeas a la luz de la luna (1982)
Frases del Autor:
"Las revoluciones las hacen los hombres de carne y hueso y no los santos y todas acaban por crear una nueva casta privilegiada".
"Libertad es búsqueda de libertad. Nunca la alcanzaremos completamente. La muerte nos advertirá que hay límites a toda historia personal. La historia, que perecen y se transforman las instituciones que en un momento dado definen la libertad. Pero entre la vida y la muerte, entre la belleza y el horror del mundo, la búsqueda de libertad nos hace, en toda circunstancia, libres".
"Un artista sabe que no hay belleza sin forma pero también que la forma de la belleza depende del ideal de una cultura. El artista trasciende, parcial y momentáneamente, el dilema, añadiendo un factor: no hay belleza sin mirada. Es natural que un artista privilegie a la mirada. Pero un gran artista no invita no sólo a mirar sino a imaginar".
"Toda gran obra literaria nos propone la salvación mínima de la palabra. Toda gran obra literaria nos propone imaginar. Tenemos un pasado que debemos recordar. Tenemos un porvenir que podemos desear".
lunes, 14 de mayo de 2012
Fernando Pessoa - Tabaquería -
Fernando Pessoa
"Ser poeta no es una ambición,
es mi manera de estar solo"
Tabaquería
No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.
Ventanas de mi cuarto,
de mi cuarto de uno de los millones de gente que nadie sabe quién es
(y si supiesen quién es, ¿qué sabrían?),
dais al misterio de una calle constantemente cruzada por la gente,
a una calle inaccesible a todos los pensamientos,
real, imposiblemente real, evidente, desconocidamente evidente,
con el misterio de las cosas por lo bajo de las piedras y los seres,
con la muerte poniendo humedad en las paredes y cabellos blancos en los hombres,
con el Destino conduciendo el carro de todo por la carretera de nada.
Hoy estoy vencido, como si supiera la verdad.
Hoy estoy lúcido, como si estuviese a punto de morirme
y no tuviese otra fraternidad con las cosas
que una despedida, volviéndose esta casa y este lado de la calle
la fila de vagones de un tren, y una partida pintada
desde dentro de mi cabeza,
y una sacudida de mis nervios y un crujir de huesos a la ida.
Hoy me siento perplejo, como quien ha pensado y opinado y olvidado.
Hoy estoy dividido entre la lealtad que le debo
a la tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.
He fracasado en todo.
Como no me hice ningún propósito, quizá todo no fuese nada.
El aprendizaje que me impartieron,
me apeé por la ventana de las traseras de la casa.
Me fui al campo con grandes proyectos.
Pero sólo encontré allí hierbas y árboles,
y cuando había gente era igual que la otra.
Me aparto de la ventana, me siento en una silla. ¿En qué voy a pensar?
¿Qué sé yo del que seré, yo que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? Pero ¡pienso ser tantas cosas!
¡Y hay tantos que piensan ser lo mismo que no puede haber tantos!
¿Un genio? En este momento
cien mil cerebros se juzgan en sueños genios como yo,
y la historia no distinguirá, ¿quién sabe?, ni a uno,
ni habrá sino estiércol de tantas conquistas futuras.
No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay locos perdidos con tantas convicciones!
Yo, que no tengo ninguna convicción, ¿soy más convincente o menos convincente?
No, ni en mí...
¿En cuántas buhardillas y no buhardillas del mundo
no hay en estos momentos genios-para-sí-mismos soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas
-sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas-,
y quién sabe si realizables, no verán nunca la luz del sol verdadero
ni encontrarán quien les preste oídos?
El mundo es para quien nace para conquistarlo
y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga razón.
He soñado más que lo que hizo Napoleón.
He estrechado contra el pecho hipotético más humanidades que Cristo,
he pensado en secreto filosofías que ningún Kant ha escrito.
Pero soy, y quizá lo sea siempre, el de la buhardilla,
aunque no viva en ella;
seré siempre el que no ha nacido para eso;
seré siempre el que tenía condiciones;
seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie de una pared sin puerta
y cantó la canción del Infinito en un gallinero,
y oyó la voz de Dios en un pozo tapado.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Derrámame la naturaleza sobre mi cabeza ardiente
su sol, su lluvia, el viento que tropieza en mi cabello,
y lo demás que venga si viene, o tiene que venir, o que no venga.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
conquistamos el mundo entero antes de levantarnos de la cama;
pero nos despertamos y es opaco,
nos levantamos y es ajeno,
salimos de casa y es la tierra entera,
y el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.
(¡Come chocolatinas, pequeña,
come chocolatinas!
Mira que no hay más metafísica en el mundo que las chocolatinas,
mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, pequeña sucia, come!
¡Ojalá comiese yo chocolatinas con la misma verdad con que comes!
Pero yo pienso, y al quitarles la platilla, que es de papel de estaño,
lo tiro todo al suelo, lo mismo que he tirado la vida.)
Pero por lo menos queda de la amargura de lo que nunca seré
la caligrafía rápida de estos versos,
pórtico partido hacia lo Imposible.
Pero por lo menos me consagro a mí mismo un desprecio sin lágrimas,
noble, al menos, en el gesto amplio con que tiro
la ropa sucia que soy, sin un papel, para el transcurrir de las cosas,
y me quedo en casa sin camisa.
(Tú, que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
o diosa griega, concebida como una estatua que estuviese viva,
o patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,
o princesa de trovadores, gentilísima y disimulada,
o marquesa del siglo dieciocho, descotada y lejana,
o meretriz célebre de los tiempos de nuestros padres,
o no sé qué moderno -no me imagino bien qué-,
todo esto, sea lo que sea, lo que seas, ¡si puede inspirar, que inspire!
Mi corazón es un cubo vaciado.
Como invocan espíritus los que invocan espíritus, me invoco
a mí mismo y no encuentro nada.
Me acerco a la ventana y veo la calle con absoluta claridad,
veo las tiendas, veo las aceras, veo los coches que pasan,
veo a los entes vivos vestidos que se cruzan,
veo a los perros que también existen,
y todo esto me pesa como una condena al destierro,
y todo esto es extranjero, como todo.)
He vivido, estudiado, amado, y hasta creído,
y hoy no hay un mendigo al que no envidie sólo por no ser yo.
Miro los andrajos de cada uno y las llagas y la mentira,
y pienso: puede que nunca hayas vivido, ni estudiado, ni amado ni creído
(porque es posible crear la realidad de todo eso sin hacer nada de eso);
puede que hayas existido tan sólo, como un lagarto al que cortan el rabo
y que es un rabo, más acá del lagarto, removidamente.
He hecho de mí lo que no sabía,
y lo que podía hacer de mí no lo he hecho.
El disfraz que me puse estaba equivocado.
Me conocieron enseguida como quien no era y no lo desmentí, y me perdí.
Cuando quise quitarme el antifaz,
lo tenía pegado a la cara.
Cuando me lo quité y me miré en el espejo,
ya había envejecido.
Estaba borracho, no sabía llevar el dominó que no me había quitado.
Tiré el antifaz y me dormí en el vestuario
como un perro tolerado por la gerencia
por ser inofensivo
y voy a escribir esta historia para demostrar que soy sublime.
Esencia musical de mis versos inútiles,
ojalá pudiera encontrarme como algo que hubiese hecho,
y no me quedase siempre enfrente de la tabaquería de enfrente,
pisoteando la conciencia de estar existiendo
como una alfombra en la que tropieza un borracho
o una estera que robaron los gitanos y no valía nada.
Pero el propietario de la tabaquería ha asomado por la puerta y se ha quedado a la puerta.
Le miro con incomodidad en la cabeza apenas vuelta,
y con la incomodidad del alma que está comprendiendo mal.
Morirá él y moriré yo.
Él dejará la muestra y yo dejaré versos.
En determinado momento morirá también la muestra, y los versos también.
Después de ese momento, morirá la calle donde estuvo la muestra,
y la lengua en que fueron escritos los versos,
morirá después el planeta girador en que sucedió todo esto.
En otros satélites de otros sistemas cualesquiera algo así como gente
continuará haciendo cosas semejantes a versos y viviendo debajo de cosas semejantes a muestras,
siempre una cosa enfrente de la otra,
siempre una cosa tan inútil como la otra,
siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
siempre el misterio del fondo tan verdadero como el sueño del misterio de la superficie,
siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni la otra.
Pero un hombre ha entrado en la tabaquería (¿a comprar tabaco?),
y la realidad plausible cae de repente encima de mí.
Me incorporo a medias con energía, convencido, humano,
y voy a tratar de escribir estos versos en los que digo lo contrario.
Enciendo un cigarrillo al pensar en escribirlos
y saboreo en el cigarrillo la liberación de todos los pensamientos.
Sigo al humo como a una ruta propia,
y disfruto, en un momento sensitivo y competente,
la liberación de todas las especulaciones
y la conciencia de que la metafísica es una consecuencia de encontrarse indispuesto.
Después me echo para atrás en la silla
y continúo fumando.
Mientras me lo conceda el destino seguiré fumando.
(Si me casase con la hija de mi lavandera
a lo mejor sería feliz.)
Visto lo cual, me levanto de la silla. Me voy a la ventana.
El hombre ha salido de la tabaquería (¿metiéndose el cambio en el bolsillo de los pantalones?).
Ah, le conozco: es el Esteves sin metafísica.
(El propietario de la tabaquería ha llegado a la puerta.)
Como por una inspiración divina, Esteves se ha vuelto y me ha visto.
Me ha dicho adiós con la mano, le he gritado ¡Adiós, Esteves! , y el Universo
se me reconstruye sin ideales ni esperanza, y el propietario de la tabaquería se ha sonreído.
No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.
Ventanas de mi cuarto,
de mi cuarto de uno de los millones de gente que nadie sabe quién es
(y si supiesen quién es, ¿qué sabrían?),
dais al misterio de una calle constantemente cruzada por la gente,
a una calle inaccesible a todos los pensamientos,
real, imposiblemente real, evidente, desconocidamente evidente,
con el misterio de las cosas por lo bajo de las piedras y los seres,
con la muerte poniendo humedad en las paredes y cabellos blancos en los hombres,
con el Destino conduciendo el carro de todo por la carretera de nada.
Hoy estoy vencido, como si supiera la verdad.
Hoy estoy lúcido, como si estuviese a punto de morirme
y no tuviese otra fraternidad con las cosas
que una despedida, volviéndose esta casa y este lado de la calle
la fila de vagones de un tren, y una partida pintada
desde dentro de mi cabeza,
y una sacudida de mis nervios y un crujir de huesos a la ida.
Hoy me siento perplejo, como quien ha pensado y opinado y olvidado.
Hoy estoy dividido entre la lealtad que le debo
a la tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.
He fracasado en todo.
Como no me hice ningún propósito, quizá todo no fuese nada.
El aprendizaje que me impartieron,
me apeé por la ventana de las traseras de la casa.
Me fui al campo con grandes proyectos.
Pero sólo encontré allí hierbas y árboles,
y cuando había gente era igual que la otra.
Me aparto de la ventana, me siento en una silla. ¿En qué voy a pensar?
¿Qué sé yo del que seré, yo que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? Pero ¡pienso ser tantas cosas!
¡Y hay tantos que piensan ser lo mismo que no puede haber tantos!
¿Un genio? En este momento
cien mil cerebros se juzgan en sueños genios como yo,
y la historia no distinguirá, ¿quién sabe?, ni a uno,
ni habrá sino estiércol de tantas conquistas futuras.
No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay locos perdidos con tantas convicciones!
Yo, que no tengo ninguna convicción, ¿soy más convincente o menos convincente?
No, ni en mí...
¿En cuántas buhardillas y no buhardillas del mundo
no hay en estos momentos genios-para-sí-mismos soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas
-sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas-,
y quién sabe si realizables, no verán nunca la luz del sol verdadero
ni encontrarán quien les preste oídos?
El mundo es para quien nace para conquistarlo
y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga razón.
He soñado más que lo que hizo Napoleón.
He estrechado contra el pecho hipotético más humanidades que Cristo,
he pensado en secreto filosofías que ningún Kant ha escrito.
Pero soy, y quizá lo sea siempre, el de la buhardilla,
aunque no viva en ella;
seré siempre el que no ha nacido para eso;
seré siempre el que tenía condiciones;
seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie de una pared sin puerta
y cantó la canción del Infinito en un gallinero,
y oyó la voz de Dios en un pozo tapado.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Derrámame la naturaleza sobre mi cabeza ardiente
su sol, su lluvia, el viento que tropieza en mi cabello,
y lo demás que venga si viene, o tiene que venir, o que no venga.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
conquistamos el mundo entero antes de levantarnos de la cama;
pero nos despertamos y es opaco,
nos levantamos y es ajeno,
salimos de casa y es la tierra entera,
y el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.
(¡Come chocolatinas, pequeña,
come chocolatinas!
Mira que no hay más metafísica en el mundo que las chocolatinas,
mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, pequeña sucia, come!
¡Ojalá comiese yo chocolatinas con la misma verdad con que comes!
Pero yo pienso, y al quitarles la platilla, que es de papel de estaño,
lo tiro todo al suelo, lo mismo que he tirado la vida.)
Pero por lo menos queda de la amargura de lo que nunca seré
la caligrafía rápida de estos versos,
pórtico partido hacia lo Imposible.
Pero por lo menos me consagro a mí mismo un desprecio sin lágrimas,
noble, al menos, en el gesto amplio con que tiro
la ropa sucia que soy, sin un papel, para el transcurrir de las cosas,
y me quedo en casa sin camisa.
(Tú, que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
o diosa griega, concebida como una estatua que estuviese viva,
o patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,
o princesa de trovadores, gentilísima y disimulada,
o marquesa del siglo dieciocho, descotada y lejana,
o meretriz célebre de los tiempos de nuestros padres,
o no sé qué moderno -no me imagino bien qué-,
todo esto, sea lo que sea, lo que seas, ¡si puede inspirar, que inspire!
Mi corazón es un cubo vaciado.
Como invocan espíritus los que invocan espíritus, me invoco
a mí mismo y no encuentro nada.
Me acerco a la ventana y veo la calle con absoluta claridad,
veo las tiendas, veo las aceras, veo los coches que pasan,
veo a los entes vivos vestidos que se cruzan,
veo a los perros que también existen,
y todo esto me pesa como una condena al destierro,
y todo esto es extranjero, como todo.)
He vivido, estudiado, amado, y hasta creído,
y hoy no hay un mendigo al que no envidie sólo por no ser yo.
Miro los andrajos de cada uno y las llagas y la mentira,
y pienso: puede que nunca hayas vivido, ni estudiado, ni amado ni creído
(porque es posible crear la realidad de todo eso sin hacer nada de eso);
puede que hayas existido tan sólo, como un lagarto al que cortan el rabo
y que es un rabo, más acá del lagarto, removidamente.
He hecho de mí lo que no sabía,
y lo que podía hacer de mí no lo he hecho.
El disfraz que me puse estaba equivocado.
Me conocieron enseguida como quien no era y no lo desmentí, y me perdí.
Cuando quise quitarme el antifaz,
lo tenía pegado a la cara.
Cuando me lo quité y me miré en el espejo,
ya había envejecido.
Estaba borracho, no sabía llevar el dominó que no me había quitado.
Tiré el antifaz y me dormí en el vestuario
como un perro tolerado por la gerencia
por ser inofensivo
y voy a escribir esta historia para demostrar que soy sublime.
Esencia musical de mis versos inútiles,
ojalá pudiera encontrarme como algo que hubiese hecho,
y no me quedase siempre enfrente de la tabaquería de enfrente,
pisoteando la conciencia de estar existiendo
como una alfombra en la que tropieza un borracho
o una estera que robaron los gitanos y no valía nada.
Pero el propietario de la tabaquería ha asomado por la puerta y se ha quedado a la puerta.
Le miro con incomodidad en la cabeza apenas vuelta,
y con la incomodidad del alma que está comprendiendo mal.
Morirá él y moriré yo.
Él dejará la muestra y yo dejaré versos.
En determinado momento morirá también la muestra, y los versos también.
Después de ese momento, morirá la calle donde estuvo la muestra,
y la lengua en que fueron escritos los versos,
morirá después el planeta girador en que sucedió todo esto.
En otros satélites de otros sistemas cualesquiera algo así como gente
continuará haciendo cosas semejantes a versos y viviendo debajo de cosas semejantes a muestras,
siempre una cosa enfrente de la otra,
siempre una cosa tan inútil como la otra,
siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
siempre el misterio del fondo tan verdadero como el sueño del misterio de la superficie,
siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni la otra.
Pero un hombre ha entrado en la tabaquería (¿a comprar tabaco?),
y la realidad plausible cae de repente encima de mí.
Me incorporo a medias con energía, convencido, humano,
y voy a tratar de escribir estos versos en los que digo lo contrario.
Enciendo un cigarrillo al pensar en escribirlos
y saboreo en el cigarrillo la liberación de todos los pensamientos.
Sigo al humo como a una ruta propia,
y disfruto, en un momento sensitivo y competente,
la liberación de todas las especulaciones
y la conciencia de que la metafísica es una consecuencia de encontrarse indispuesto.
Después me echo para atrás en la silla
y continúo fumando.
Mientras me lo conceda el destino seguiré fumando.
(Si me casase con la hija de mi lavandera
a lo mejor sería feliz.)
Visto lo cual, me levanto de la silla. Me voy a la ventana.
El hombre ha salido de la tabaquería (¿metiéndose el cambio en el bolsillo de los pantalones?).
Ah, le conozco: es el Esteves sin metafísica.
(El propietario de la tabaquería ha llegado a la puerta.)
Como por una inspiración divina, Esteves se ha vuelto y me ha visto.
Me ha dicho adiós con la mano, le he gritado ¡Adiós, Esteves! , y el Universo
se me reconstruye sin ideales ni esperanza, y el propietario de la tabaquería se ha sonreído.
Bécquer y el Romanticismo español
Poeta español. Es una de las figuras más importantes del romanticismo y sus Rimas supusieron el punto de partida de la poesía moderna española. Nació en Sevilla, hijo de un pintor y hermano de otro, Valeriano. También él mismo practicó la pintura, pero, después de quedarse huérfano y trasladarse a Madrid, en 1854, la abandonó para dedicarse exclusivamente a la literatura.
No logró tener éxito y vivió en la pobreza, colaborando en periódicos de poca categoría. Posteriormente escribió en otros más importantes, donde publicó crónicas sociales, algunas de sus Leyendas y los ensayos costumbristas Cartas desde mi celda. Obtuvo un cargo muy bien pagado, en 1864, de censor oficial de novelas. Hacia 1867 escribió sus famosas Rimas y las preparaba para su publicación, pero con la Revolución de 1868 se perdió el manuscrito y el poeta tuvo que preparar otro, en parte de memoria.
Su matrimonio, con la hija de un médico, le dio tres hijos, pero se deshizo en 1868. Bécquer, que desde 1858 estaba aquejado de una grave enfermedad, probablemente tuberculosa o venérea, se trasladó a Toledo, a casa de su hermano Valeriano. Este murió en septiembre de 1870 y el poeta el 22 de diciembre, a los treinta y cuatro años.
Rimas
Las Rimas, una colección de setenta y seis poesías, publicadas al año siguiente con el título inicial de El libro de los gorriones, poseen una cualidad esencialmente musical y una aparente sencillez que contrasta con la sonoridad un tanto hueca del estilo de sus predecesores.
Formalmente son poemas breves en versos asonantes, donde el mundo aparece como un conjunto confuso de formas invisibles y átomos silenciosos cargados de posibilidades armónicas que se materializan en visión o sonido gracias a la acción del poeta que une las formas con las ideas. Se refieren a la emoción de lo vivido, al recuerdo, a experiencias convertidas en sentimientos. También aparece el amor, el desengaño, el deseo de evasión, la desesperanza y la muerte. Su pureza y humildad, junto con su engañosa sencillez, suponen la -culminación de la poesía del sentimiento y de la fantasía-, en palabras de Jorge Guillén, y como dijo Luis Cernuda: -Desempeñan en nuestra poesía moderna, un papel equivalente al de Garcilaso en nuestra poesía clásica: el de crear una nueva tradición que llega a sus descendientes.-
Un acento poético semejante y una calidad artística nada inferior, tienen las Leyendas, título con el que se agrupan todas las narraciones en prosa de Bécquer. Se publicaron originalmente en periódicos, entre 1861 y 1863, por lo que se supone que su composición fue anterior a la mayor parte de las Rimas.
EL ROMANTICISMO EN ESPAÑA
El Romanticismo tuvo una fuerte impronta nacionalista por lo cual se desarrolló de manera diferente en cada país. Pese a que el Siglo de Oro español había servido de inspiración y modelo a escritores románticos de otros países, España no alumbró autores románticos significativos hasta la década de 1830.
CARACTERÍSTICAS:
- Supervaloración del yo: el hombre romántico necesita expresar sus propios sentimientos y emociones, por lo que sus obras se llenan de subjetivismo y emotividad.
- Irracionalismo: Se rechaza el racionalismo ilustrado del siglo anterior y se valoran aspectos que son irracionales, como las pasiones, las emociones, la fantasía, los sueños...
- Rebeldía: Los románticos rompen con los moldes neoclásicos y reivindican la libertad creadora del autor:
- Mezclan la prosa con el verso
- Utilizan una versificación muy variada en poesía
- Combinan lo cómico con lo dramático
- Sustituyen el didactismo por la imaginación y la sensibilidad
- Nacionalismo: los románticos aprecian y exaltan los valores nacionales, las tradiciones populares y el folclore de cada país, recuperan su pasado y lo idealizan. En España, el nacionalismo contribuye a la recuperación del gallego y el catalán en literatura.
TEMÁTICA:
Como consecuencia del enfrentamiento que se produce entre el espíritu idealista del escritor y la cruda realidad, la desesperación y la decepción se adueñan de las obras literarias y surge una nueva temática en la que prevalecen los sentimientos sobre la razón.
__ El amor: Es un tema que posee una doble vertiente. Por un lado, el amor es un sentimiento idealizado y divino que lleva a equiparar a la amada con Dios. Por otro lado, es una fuerza apasionada que domina y destruye al ser humano sometiéndolo a un destino trágico.
__ La naturaleza: Para el escritor romántico, el paisaje es una proyección de sus sentimientos. Se convierte en una compañera con la que se comunica.
De ahí que prefieran los ambientes lúgubres, libres y agrestes que estén en consonancia con su mundo interior: ruinas de castillos medievales, bosques tenebrosos, cementerios,...
__ La evasión: El autor romántico huye de su espacio y tiempo presente y se refugia en uno lejano y remoto.
__ La muerte: Éste es un elemento que cobra mucho sentido en el Romanticismo, ya que el héroe no duda en morir por conseguir hacer realidad sus deseos y ambiciones: libertad, amor,...
Este sentimiento traspasa en ocasiones la ficción de las obras y se apodera de la propia vida del autor llevándole al suicidio.
__ La libertad: El afán de vivir sin normas que condicionen la conducta del individuo ocasiona la aparición de historias protagonizadas por personajes que viven al margen de la ley y de la sociedad (bandoleros, piratas...). Representan la libertad anhelada por los escritores románticos.
sábado, 5 de mayo de 2012
Virgilio - La Eneida
Publio Virgilio Marón. Hijo de campesinos, Virgilio nació en Andes, una aldea próxima a Mantua, en la región italiana de Venetia et Histria. Aunque hijo de padres modestos, Virgilio estudió retórica y lengua y filosofía griegas en Cremona, Milán, Roma y Nápoles.
Si bien no intervino de modo directo en la vida política, desde muy pronto Virgilio disfrutó del apoyo de mecenas y amigos, como Cayo Mecenas, el poeta Horacio e incluso Octavio, el futuro emperador Augusto, en parte propiciado por el éxito de su primera obra mayor, las Bucólicas, en las que desarrolla muchos temas de la tradición pastoril, tomados sobre todo de los Idilios de Teócrito, aunque introdujo numerosas alusiones a personajes y situaciones de su época.
Incitado por sus protectores, escribió las Geórgicas, en apoyo de la política imperial de relanzar la agricultura en Italia, en las cuales recrea la belleza de la vida campesina y sus distintos aspectos: labranza, ganadería y apicultura.
La vertiente pública de la poesía de Virgilio llegó a su cima cuando afrontó la tarea de escribir un ambicioso poema patriótico a imagen de las grandes epopeyas homéricas, la Eneida, que debía cantar las virtudes del pueblo romano y cimentar una mitología propia para la nación. Para ello escogió la conocida figura legendaria del héroe troyano Eneas. Durante otros doce años trabajó en la composición de esta su obra maestra, poema épico que incluye doce cantos o libros.
Al principio, Eneas logra huir del desastre de Troya llevando sobre los hombros a su anciano padre, Anguises, y a su hijo Ascanio de la mano; reúne una flota y zarpa con los supervivientes troyanos rumbo a Tracia, Creta, Epiro y Sicilia, antes de abordar las costas de África. Luego relata los amores de la reina de Cartago, Dido, con Eneas, y el suicidio de ella tras la partida del héroe. Tras un interludio, la última parte narra la llegada de Eneas a Italia, y la guerra que sostiene con Turno, rey de los rútulos; la victoria le otorga la mano de Lavinia, princesa del Lacio.
Según Virgilio, el linaje romano procede del hijo de Eneas, Ascanio, que habría fundado la ciudad de Roma. El modelo homérico está presente tanto a nivel formal como temático, aunque es visible también la influencia de poetas romanos como Ennio, Lucrecio y Apolonio de Rodas.
El verso de Virgilio en la Eneida fue considerado en su propia época, y a partir de entonces, como modelo de perfección literaria tanto por su equilibrio métrico como por su musicalidad. Sin embargo, el poeta no pudo terminar su obra, pues en el 19 a.C. emprendió un viaje por Grecia y Asia con la intención de corroborar sobre el terreno las referencias paisajísticas y geográficas de su obra maestra, práticamente finalizada para entonces, y para profundizar en el estudio de la filosofía. Durante el viaje enfermó gravemente, y en su lecho de muerte pidió a sus amigos Vario y Plocio que destruyeran la Eneida, por considerarla imperfecta, ruego que no fue atendido por orden de Augusto.
Se atribuye asimismo a Virgilio la composición de un conjunto de obras menores de carácter épico, elegíaco y didáctico, conocido como el Appendix vergiliana, que quizás podrían ser obras de juventud, aunque no está bien dilucidada su autoría. El renombre de que gozó fue enorme no sólo en su época, sino a lo largo de toda la Edad Media, que le consideró como un cristiano anticipado, e incluso se llegó a ver en una de sus Bucólicas una profecía de la llegada del Mesías. En su Divina Comedia, Dante lo convirtió en su guía a través del Infierno y el Purgatorio, y le consideró su maestro.
Eneas:
Eneas fue criado por unos pastores en la montaña hasta que cumplidos los cinco años, su padre Anquises se lo llevó a la ciudad a casa de su cuñado Alcátoo para que éste le educase. Con el tiempo se convirtió en el más valeroso de los héroes troyanos, después de Héctor. En los combates que tuvieron lugar durante la guerra de Troya, se vio auxiliado y favorecido en varias ocasiones por algunos dioses, según cuenta la narración de Homero, que termina de relatar sus hazañas cuando da fin a dicha guerra. Las aventuras y sucesos posteriores son creación del poeta romano Virgilio, que era poeta oficial de Augusto.
Cuando la guerra de Troya se terminó Eneas fue perdonado por los griegos en consideración a que había sido partidario de la paz y había terciado por la devolución de Helena aMenelao, su marido griego. Eneas marchó con un grupo de troyanos a Macedonia, de allí a Sicilia (en ambos sitios surgieron aventuras) hasta llegar a Laurentio en la costa delLacio, en la península itálica. Allí fundó otra Troya en la costa del mar Tirreno, en el lugar de desembarco. Después remontó el río Álbula (que más tarde sería llamado Tíber) y llegó hasta un poblado llamado Palanteo que estaba emplazado en el lugar que con el tiempo sería conocido como el Palatino. La región era gobernada por Latino, el rey de los aborígenes. Eneas hizo una alianza con este rey y además se casó con Lavinia, su hija; en su honor fundó la ciudad de Lavinio. Eneas y Lavinia tuvieron un hijo al que llamaronAscanio.
La Eneida
Aunque en su juventud Virgilio participó de la corriente literaria de los poetas, cuya producción consistía principalmente en breves poemas sobre argumentos de amor o temas ligeros, para escribir la Eneida se inspiró, en la antigua poesía épica romana de Naevius y de Ennius, y más aún en los poemas homéricos. Se puede, en efecto, dividir la Eneida en dos partes: los seis primeros libros, que relatan el viaje de Eneas, recuerdan la Odisea, mientras que pensamos en la Iliada leyendo los otros seis libros, que relatan los grandes hechos cumplidos por Eneas en Italia hasta su victoria final sobre los latinos.
El poema fue escrito bajo el reinado de Augusto, para celebrar la pacificación del Imperio, pero en realidad es algo más que una alabanza al emperador. Aparece como la apología del espíritu de Roma a través de las aventuras del héroe legendario Eneas, cuyos descendientes habrían fundado la ciudad. Virgilio mezcló en su poema la leyenda con la realidad, según costumbre de los poetas épicos.
Este poema, editado por primera vez por los amigos de Virgilio, Varius Tuca, ha suscitado la admiración de los poetas de todos los tiempos, y siempre se lo ha considerado como una de las más bellas exaltaciones de Roma que se hayan escrito. Por el interés de su argumento general, por la belleza de sus episodios secundarios, por la puntualidad y excelencia del estilo, por la melodía de los versos y por una profunda comprensión de las grandezas y los dolores humanos, es la Eneida uno de los grandes poemas épicos de la literatura universal.
Después de una breve introducción en que Virgilio anuncia cuál será el tema de la Eneida, comienza el relato. Eneas, príncipe troyano, navega por las aguas sicilianas hacia Italia, cuando Eolo, obedeciendo a la voluntad de la pérfida Juno, desencadena una terrible tempestad, durante la cual se extravían algunos barcos troyanos, mientras otros encallan en las costas. Felizmente, Neptuno, irritado por la audacia de Eolo, devuelve la calma al níar y a los vientos. Eneas, con siete de sus naves, se refugia en un puerto, cerca de Cartago. Es recibido con benevolencia por la reina Dido, viuda del rey Siqueo. Interrogado sobre las desgracias de su patria, cuenta los últimos días de Troya, con los trágicos acontecimientos que siguieron a la entrada en la ciudad del caballo de madera ideado por Ulises. Explica cómo, habiéndosele aparecido en sueños Héctor, para aconsejarle la huida, logró salvarse con su padre Anquises, su pequeño hijo Ascanio (también llamado Yulo) y los dioses de su patria.
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