martes, 4 de junio de 2013

Baudelaire y la poesía de la ciudad



La poesía de la ciudad:


Uno de los temas más destacados de "Las Flores del Mal" es el de la ciudad con su misteriosa fascinación pero también con sus miserias, sus criminales y sus malvivientes. Baudelaire no solo incorpora los productos más degradados de esa nueva sociedad, sino que afirma incluso que debemos buscar en ellos los "nuevos héroes de nuestro tiempo". Ha descubierto en París una nueva fuente de poesía: la existencia de los seres marginados.

Él mismo se caracterizó por el rechazo y la actitud desafiante que enfrenta a "la civilización", por eso nos presenta subproductos del mundo civilizado. Nos muestra cuál ha sido el precio de la gran industria y de la enorme concentración humana. Es decir, a costa de qué miserias fue construida la gran ciudad.

Reconoce la fascinación que produce la ciudad, la cual puede provenir hasta del horror. Aparece la dualidad de la modernidad donde los seres pueden ser "decrépitos y encantadores". La gran industria lleva a una sobreabundancia de estímulos que nuestra conciencia no tiene tiempo ni energía suficiente para asimilar. El artista es el único que puede captar la singularidad de esos "shocks", ya que la belleza está en ese carácter único e irrepetible de esas experiencias fugaces.

Cuando los estímulos son excesivos, como sucede en la sociedad moderna, en lugar de experiencia vivida lo que se produce es una serie de shocks y la repetición de esos sobresaltos, de esos impactos no asimilados. El espanto es uno de los aspectos centrales de la experiencia de Baudelaire."El estudio de la belleza, dice Baudelaire, es un duelo donde el artista grita de espanto antes de ser vencido". Se trata de una lucha, un duelo con el mundo que lo rodea pero también con las palabras que serán las que le permitan expresar por lo menos su derrota

Baudelaire explica: "Al poeta le toca traducir en un lenguaje magnífico, distinto al de la prosa y al de la música, las conjeturas eternas de la curiosa humanidad (...) es un alma colectiva que interroga, que llora, que espera y que adivina, a veces".

La presencia de la multitud

La multitud que está siempre presente en su obra es la de la metrópolis superpoblada y ofrece el aspecto de algo amorfo, impersonal e indiferente. La soledad del hombre en medio de la multitud y el carácter amenazante de esta ya había sido tratado por otros autores como Poe ("El hombre de la multitud"). En el caso de Baudelaire la diferencia está en que el poeta se vuelve cómplice de la multitud, se interna en ella y allí busca rescatar lo que esta tiene de embriagador y al mismo tiempo sufre por su indiferencia y su aspecto amenazador. No es una realidad que le es ajena sino una de las condiciones de su propia vida.

La despersonalización aparece tan clara que las personas son tratadas como "fantasmas" en muchos de sus poemas, no solo son indiferentes sino también hostiles.

La visión de la muchedumbre de Baudelaire siempre será ambigua, por un lado la rechaza pero por otro encuentra en ella una belleza deslumbrante y enloquecedora, maravillosa en sus posibilidades pero efímera, fugaz, irreal y sobre todo inhumana.

La vida en la ciudad lleva a la pérdida del encuentro humano en el amor, la destrucción de la posibilidad de un contacto humano libremente desarrollado. En medio de la multitud las necesidades del hombre persisten, pero las posibilidades de establecer un contacto humano verdadero disminuyen. Es más, al aumentar los estímulos se multiplican los encuentros casuales y fugaces lo cual resulta más hiriente aún y lleva a una sensación permanente de frustración e insatisfacción. 

Por otra parte el confort contribuye también al aislamiento del hombre al volver  cada vez más inútiles determinados actos que antes nos ponían en contacto con los demás.


Material extraído de "Apuntes de Literatura: La poesía de Charles Baudelaire" Ed. Hontanar.

domingo, 12 de mayo de 2013

Renacimiento. Siglo de Oro Español

Introducción.

La expresión Siglo de Oro abarca el período comprendido desde principios del siglo XVI a finales del Siglo XVII. Corresponde desde la expulsión de los moros hasta la muerte de Calderón de la Barca y se caracteriza por la unificación territorial de España a través de los Reyes Católicos. Esta época dorada ofrece una gran diversidad de manifestaciones humanas, culturales y literarias, por lo que se puede dividir en dos partes bien diferenciadas: El Renacimiento (siglo XVI) y el Barroco (siglo XVII).

El Renacimiento.

El Renacimiento supone una nueva concepción de la vida, un cambio radical en todos los órdenes (político, social, religioso, cultural, artístico, etc.) El término "renacimiento" lo utilizó por primera vez el historiador francés Jules Michelet en 1855 para referirse al "descubrimiento del mundo y del hombre" en el siglo XVI.

Si en la Edad Media habían prevalecido las ideas teocéntricas (Dios como centro de toda manifestación), en el renacimiento impera el antropocentrismo (máxima proyección del hombre). Y son especialmente exaltados el poder de la naturaleza humana y el de la razón o conocimiento científico.

En este período, la fragmentaria sociedad feudal de la Edad Media, caracterizada por una economía básicamente agrícola y una vida intelectual y cultural dominada por la iglesia, se transformó en una sociedad dominada progresivamente por instituciones políticas centralizadas, con una economía urbana y mercantil, en la que se desarrolló la protección de la educación, las artes y la música. La perfección del cuerpo humano mediante el entrenamiento físico (ideal que raramente se persiguió en la edad media) se convirtió en uno de los objetivos de la educación renacentista.

En el campo de las Bellas Artes la ruptura decisiva con la tradición medieval tuvo lugar en Florencia en torno a 1420, cuando el arte renacentista alcanzó el concepto científico de perspectiva lineal que hizo posible representar el espacio tridimensional de forma convincente en una superficie plana.

Por lo que respecta a la religiosidad, durante el siglo XVI se desarrollan en Europa movimientos de singular importancia y que tratan, cada cual a su modo, de encontrar la orientación más adecuada a la mentalidad de la época. Los historiadores renacentistas rechazaban la división medieval cristiana de la historia, que se iniciaba con la Creación, seguida por la encarnación de Jesús, para terminar con el posterior Juicio Final.

En España el Renacimiento coincide con los reinados de Carlos I (1517-1556) y de Felipe II (1556-1598). Durante el mandato de ambos monarcas, España impuso su hegemonía militar y política en Europa. El ejército medieval, encabezado por la caballería y apoyado por arqueros, fue reemplazado progresivamente por la infantería, provista de armas de fuego y picas; tales fuerzas formaron los primeros ejércitos permanentes de Europa. 

También se hicieron progresos en medicina y anatomía, especialmente tras la traducción, en los siglos XV y XVI, de numerosos trabajos de Hipócrates y Galeno; también fueron traducidos en el siglo XVI algunos de los más avanzados tratados griegos sobre matemáticas. Entre los avances realizados se destacaron la solución de ecuaciones cúbicas y la innovadora astronomía de Nicolás Copérnico. A finales del siglo XVI, Galileo ya había dado un paso fundamental al aplicar modelos matemáticos a la física. La geografía se transformó gracias a los conocimientos empíricos adquiridos a través de las exploraciones y los descubrimientos de nuevos continentes.

En el campo de la Literatura, las letras españolas del siglo XVI revelan las principales características del Renacimiento y del Humanismo (movimiento que propone el retorno a los ideales griegos como forma de restaurar los valores humanos). El estudio de la literatura antigua, de la historia y de la filosofía moral, tenía por objetivo crear seres humanos libres y civilizados, personas de gusto y juicio, ciudadanos. Las tendencias genuinamente españolas que más se desarrollaron son: las historias de caballerías, la anécdota pastoril y la novela picaresca, iniciada en 1554 con el Lazarillo de Tormes.

Hay que destacar además que en este siglo cobra especial importancia la imprenta, inventada a mediados del siglo anterior por Gutenberg lo que facilitó el avance del humanismo mediante la difusión de autores clásicos. Aumenta la creación de escuelas, imprentas, bibliotecas y universidades.

El barroco


El Barroco es una época contrapuesta al Renacimiento que destaca por un siempre presente sentimiento de desconfianza, pesimismo y desengaño.

Estéticamente, el barroco se caracterizó, en líneas generales, por la complicación de las formas y el predominio del ingenio y el arte sobre la armonía de la naturaleza, que constituía el ideal renacentista.

En el plano de la Literatura dominan, en cuanto al estilo, la exageración, los contrastes (la belleza- la fealdad, lo trágico-lo cómico, la verdad- la mentira…), los aspectos impresionistas y la falta de equilibrio (unas veces se deforma la realidad y otras se idealiza y se embellece). Y en la temática, fruto de la visión amarga de la vida, se tratan, entre otros asuntos, la sátira de la vanidad humana, la ambición, el dinero…, la fugacidad de la vida "Tempus Fugit" (paso veloz hacia la muerte), la representación de la existencia como un teatro o un sueño y el reflejo realista y desengañado de la vida como una lucha del ingenio para vencer la miseria. 



Novela Picaresca: Lazarillo de Tormes.





LA NOVELA PICARESCA



La novela picaresca supone el nacimiento de un género novelístico completamente nuevo que tuvo lugar en España en el siglo XVI. Las causas y circunstancias que dieron lugar a este tipo de novelas no están demasiado claras.


En un principio se creyó que había nacido como consecuencia del gran número de pobres y vagabundos que tenía el país, algo que según ha pasado el tiempo ha quedado en entredicho, porque lo cierto es que los demás países tenían la misma cantidad de pobres que España.

Numerosos críticos han elaborado distintas teorías para explicar el nacimiento de este género, que van desde creer que el origen tuvo lugar en el deseo de libertad de los cortesanos de la época, (leían las aventuras de los pícaros que no respetaban convención social alguna para olvidar las rígidas normas sociales de la época), hasta otras que dicen que el género estuvo relacionado con los movimientos de reforma religiosa de aquel momento.

Lo que sí realmente sabemos es que el género nace como producto de una sociedad donde los hechos religiosos y literarios del momento influyeron en ello. Y lo hace en España porque es aquí donde el principio de la sociedad era el honor (por eso nace el pícaro, que encarna el deshonor total) y existía un gran número de marginados donde reinaba un gran malestar y también porque España no tenía burguesía, y Europa sí.

Estamos pues, ante un género nuevo completamente innovador, con unas características y trayectoria definidas, que tuvo una enorme repercusión en su momento, y que ha perdurado, de una u otra forma, hasta nuestros días.

Caracteres fundamentales de la novela picaresca
Todas las novelas picarescas tienen varios puntos en común tanto en los personajes como en estructura.

El pícaro es el antihéroe que encarna el deshonor y su vida es completamente opuesta a la del caballero; frecuentemente practica la mendicidad siendo un golfillo dispuesto a todo por dinero (roba, engaña..) ya que desea ascender de clase, algo que nunca consigue.

Suele pasar hambre y sobrevive gracias a su ingenio en un mundo hostil y cruel, siempre en soledad. Las novelas picarescas poseen unos rasgos estructurales muy definidos: siempre son autobiográficas ordenadas por los servicios prestados a diferentes amos; el pícaro nos cuenta su paso de la niñez a la madurez, y en todas ellas hay un punto de vista único sobre la realidad: la del pícaro.



Muchos críticos piensan que la única finalidad de las novelas de este género era hacer reír a los lectores, ya que el humor está presente en todas las novelas y las situaciones cómicas se suceden por doquier, pero nada más lejos de la realidad.

El humor se utiliza sólo como recurso para mostrar situaciones moralizantes y ejemplificantes.


Trayectoria del género

La novela picaresca siguió una evolución que tuvo distintas etapas:

Desde 1599 hasta 1605: donde floreció el género con las mejores novelas (El Lazarillo de Tormes y Guzmán de Alfarache) aunque ya comienzan a anunciarse algunos factores decadentes.

1605-1620. Etapa decadente: ya no se siguen los rasgos propios del género. En muchos casos las novelas dejan de ser autobiográficas para dar paso a la 3ª persona propia de las novelas.

1620-1626 Período de renacimiento del género. Se recupera la estructura general del relato y se escriben varias novelas importantes: Segunda parte de la vida del Lazarillo de Tormes, Lazarillo de Manzanares, Varia fortuna del soldado Píndaro y otras más.

1626-1646 Época final donde se pueden destacar Estebanillo González y La garduña de Sevilla.

El Lazarillo de Tormes.


"La vida de Lazarillo de Tormes, de sus fortunas y adversidades" es la máxima representación de la novela picaresca española del Siglo XVI. Apareció en 1554, de autor desconocido.

Está escrita en forma autobiográfica. El protagonista es un "pícaro" que va pasando a través de distintos amos. A la vez que se demuestra la realidad social de la época, se hace una sátira de ciertas situaciones y hay una crítica a ciertas situaciones del clero y de la nobleza de la época.

Es un relato en primera persona de episodios de la vida del protagonista que vienen a justificar su situación final poco afortunada. "Lazarillo de Tormes" consta de siete tratados, en su paso a través de nueve diferentes amos. Es un tipo de literatura popular. Si bien hay quienes definen al "pícaro" como amoral, a Lázaro el lector llega a quererlo, y justificar ciertas travesuras, pues la causa que lo lleva a actuar así es el hambre y la necesidad de supervivencia.

La lengua utilizada es el Castellano que si bien ya es una lengua que ha evolucionado, que dejó atrás el Romance, pero el lector encontrará usos y giros propios de la lengua de comienzos del Renacimiento.

lunes, 8 de abril de 2013

Película GOETHE.

Trailer oficial de la Película Alemana "GOETHE" de 2010.

Está en alemán y los subtítulos en inglés.





SINOPSIS:

Alemania, 1772: el joven alborotador Johann Goethe es enviado por su padre a una pequeña ciudad aletargada para enmendarse después de haber suspendido los exámenes de derecho. Al principio, intenta hacer todo lo posible en el Tribunal Supremo e incluso convence a su superior Kestner. Pero entonces Lotte entrará en su vida y nada será igual a como era antes de enamorarse. Johann, sin embargo, no es consciente de que Lotte, de hecho, aún está comprometida con Kestner…El dramático y frustrado amor entre el joven poeta y Lotte fue la inspiración para realizar la obra maestra de Goethe «Los sufrimientos del joven Werther».

Los Romances





Concepto:

Los romances son poemas épicos o épico-líricos, casi siempre breves, compuestos originariamente para ser cantados o recitados al son de un instrumento. José Luís Alborg ha escrito que el Romancero constituye la poesía nacional española por excelencia, capaz de llegar al alma de todo un pueblo sin distinción de clases y sin necesidad de preparación intelectual.

Están formados por un número indefinido de versos octosílabos con rima asonante en los pares - manteniendo casi siempre la misma rima durante toda la composición -, mientras quedan libres los impares. Éste es el resultado de escribir como versos diferentes los dos hemistiquios de los versos heroicos, los de los cantares de gesta, que tendían a las dieciséis sílabas y eran monorrimos.

Los romances más antiguos son de finales del siglo XIV y principalmente del siglo XV. Se llaman romances viejos y pertenecen a la literatura popular y tradicional con todas sus características de transmisión oral, anonimia, variantes, etc.

Conservamos gran número de romances viejos porque en los siglos XV y XVI, como sucedió con la lírica popular, se recopilaron en Cancioneros o Romanceros, como el Cancionero de Romances , publicado hacia 1547 o el Romancero General de 1600. 

Origen:

Según la teoría más admitida, los romances más viejos proceden de ciertos fragmentos de los antiguos cantares de gesta, especialmente atractivos para el pueblo, que los retenía en la memoria y después de cierto tiempo, desgajados del cantar, cobraban vida independiente y eran cantados como composiciones autónomas con ciertas transformaciones. En palabras de Menéndez Pidal: "Los oyentes se hacían repetir el pasaje más atractivo del poema que el cantor les cantaba; lo aprendían de memoria y al cantarlo ellos, a su vez, lo popularizaban, formando con esos pocos versos un canto aparte, independiente: un romance". Son los llamados romances épico tradicionales .

Más tarde, los juglares, dándose cuenta del éxito de los romances tradicionales, compusieron otros muchos, no desgajados de un cantar, sino inventados por ellos, generalmente más extensos y con una temática más amplia. Los autores desaparecen en el anonimato, y la colectividad, plenamente identificada con ellos, los canta, modifica y transmite. Estos últimos se conocen con el nombre de romances juglarescos.

Estilo:

Desde el punto de vista estilístico, el Romancero manifiesta una gran sencillez y sobriedad de recursos: descripciones parcas y realistas, casi total ausencia de elementos fantásticos o maravillosos, escasez de adjetivos y metáforas. A pesar de ello se consigue una extraordinaria viveza narrativa y los más variados efectos poéticos.

Destaca en el romancero la inmediata composición de la escena y la presentación de los personajes, la aproximación a la realidad con una gran fuerza plástica y el arte de saber llevar, sin dilaciones, la atención del oyente hacia el núcleo temático. Se combinan admirablemente la narración y el diálogo; mediante éste se consigue el característico movimiento dramático de muchos romanes.

La alternancia en la utilización de las formas verbales - presente/pretérito - es otro aspecto que anima la narración con el cambio de perspectivas temporales, desde un pasado lejano a un pasado cercano e incluso a un presente o viceversa.

Las fórmula expresivas más utilizadas son las repeticiones de palabras o frases y el uso del paralelismo para conseguir una mayor intensidad emocional y rítmica. También se usan con mucha frecuencia las formas deícticas, apostróficas y exclamativas para conseguir mayor emotividad y recabar la atención del oyente.

Otra característica muy importante es el fragmentarismo: El romance se centra en un momento determinado de la acción. Los antecedentes no aparecen porque son conocidos o no interesan, y se entra, como ya hemos dicho, directamente en el asunto. Además, con mucha frecuencia, la narración se rompe bruscamente sin que se conozca el desenlace final. El resultado es de una increíble eficacia poética, al atrapar al oyente en el misterio y la emoción, y hacerle participar con su propia imaginación, lanzada a una actividad creadora personal.

lunes, 1 de abril de 2013

Racionalismo, Neoclasicismo. Sturm und Drang. Goethe.



Del RACIONALISMO 

al STURM UND DRANG

Racionalismo

Movimiento filosófico desarrollado particularmente en la Europa continental durante los siglos XVII y XVIII y caracterizado por la primacía que dieron a la razón en la fundamentación del conocimiento, la fascinación por la matemática y la defensa de la existencia de ideas innatas y de la intuición intelectual.


      El término “racionalismo” tiene un significado muy amplio: en general, llamamos racionalista a toda posición filosófica que prima el uso de la razón frente a otras instancias como la fe, la autoridad, la vida, lo irracional, la experiencia empírica, ... Es racionalista todo aquél que cree que el fundamento, el principio supremo, es la razón. 

      Pero el término “racionalismo” se usa comúnmente en la historia de la filosofía para designar una cierta forma de fundamentar el conocimiento: cabe pensar que el conocimiento descansa en la razón, o que descansa en la experiencia sensible; así, puesto que valoraron más la razón que los sentidos, podemos llamar a Parménides,  Platón y Descartes racionalistas; y podemos decir que Aristóteles, Santo Tomás y, por supuesto, Hume, tienden al empirismo, dado el valor que dieron a la experiencia sensible o percepción.

      Sin embargo, a pesar de que pueda recibir distintas acepciones y aplicarse en esferas distintas, el término “Racionalismo” se utiliza primordialmente para referirse a la corriente filosófica de la Edad Moderna que se inicia con Descartes, desarrolla en la Europa continental con Spinoza, Malebranche y Leibniz, y se opone al empirismo que en esta misma época tiene éxito en las Islas Británicas.
      Los rasgos que mejor caracterizan al racionalismo moderno son los siguientes:
1. La tesis de que todos nuestros conocimientos acerca de la realidad proceden no de los sentidos, sino de la razón, del entendimiento mismo.
2. El conocimiento puede ser construido deductivamente a partir de unos primeros principios.
3. Los primeros principios del conocimiento no se pueden extraer de la experiencia empírica sino que se encuentran ya en el entendimiento: el innatismo de las ideas.
4. Consideración de la deducción y más aún de la intuición intelectual como los métodos más adecuados para el ejercicio del pensamiento.
5. La consideración de la matemática como ciencia ideal.
6. Reivindicación del argumento ontológico para la demostración de la existencia de Dios.
7. La apreciación optimista del poder de la razón, ésta no tiene límites y puede alcanzar a todo lo real.


La literatura en el siglo XVIII
Se considera a los escritores griegos y latinos como modelos a imitar. Es un retorno a los clásicos grecolatinos; ese es el origen de la palabra Neoclasicismo. 
El Neoclasicismo da preferencia a la razón frente a los sentimientos, impone reglas a las que se deben ajustar las obras literarias. Como consecuencia de lo anterior se abandonó bastante la producción lírica.
Se rechaza lo imaginativo y lo fantástico, ya que no se escribía para entretener, sino para educar. La literatura neoclásica tiene un marcado carácter crítico, didáctico y moralizador.
Se pueden distinguir tres etapas o movimientos estéticos que se suceden en el siglo XVIII:
  • Reacción contra el Barroco. En la primera mitad del siglo se deja notar la influencia del Neoclasicismo francés. La producción literaria es escasa. Predomina el ensayo y la crítica. 
  • Triunfo del Neoclasicismo. Los escritores aceptan plenamente las normas neoclásicas y la literatura se somete al imperio de la razón. La producción literaria es escasa: apenas se escriben novelas, la poesía no ofrece ningún interés y muy pocas obras de teatro tuvieron éxito. Esta etapa ocupa desde mediados del siglo hasta las últimas décadas. 
  • Prerromanticismo. A finales de siglo comienza un movimiento de rechazo hacia las rígidas normas neoclásicas que traerá a principios del siglo XIX el Romanticismo. 


 STURM UND DRANG  (1765-1785)

El tránsito del Barroco a la Ilustración no fue brusco, más que una ruptura significó un relevo. La irrupción de un grupo de jóvenes literatos con obras que rompían con las normas morales y estéticas anteriores, sí fue una revolución: Sturm und Drang (‘Tormenta e impulso’).
Hasta aproximadamente 1770, la literatura alemana se debate entre la influencia francesa y la inglesa. Paralelo al triunfo de la Ilustración nacional (Aufklärung) surge el movimiento prerromántico Sturm und Drang ('Tempestad y pasión' / ‘Tormenta e impulso’ / ‘Tempestad y arrebato’ / ‘Tormenta e ímpetu’). Es un movimiento de rechazo al racionalismo de la Ilustración. La época del Sturm und Drang va de 1765 a 1785, llamada también Geniezeit (la época del genio). 
Sturm und Drang (1776) era el título de un drama de Friedrich Maximilian Klinger (1752-1831), amigo de juventud de Goethe, que lo escribe en los años de entusiasmo por Rousseau. Esta corriente literaria del Sturm und Drang comenzó con los Fragmente (1767) de Herder y termina con Die Räuber (1781) de Schiller. El movimiento Sturm und Drang se rebela, por patriotismo literario, contra el afrancesamiento neoclasicista. Alemania reaccionó tempranamente contra el neoclasicismo y rechaza la copia de los modelos italianos y franceses, así como al normativismo del neoclasicismo. Los Stürmer odian las reglas clasicistas o toda regla que obstaculice a la expresión de sus pasiones, y propugnan el retorno a la naturaleza, la libertad en los sentimientos y en el arte, con afán de originalidad (teoría del genio). Conceden protagonismo al sentimiento frente a la forma y a la naturaleza, y defiende ante todo la libertad del artista. Se concede a los artistas la libertad de expresar su subjetividad individual y sus emociones en contraposición a las limitaciones impuestas por el racionalismo de la Ilustración y los movimientos asociados a la estética. Se opusieron a la Ilustración alemana o Aufklärung y se constituyeron en precursores del Romanticismo.
Frente a los fríos modelos del Neoclasicismo de origen francés, el Sturm und Drang estableció como fuente de inspiración el sentimiento y tuvo como modelos las obras de William Shakespeare y Jean-Jacques Rousseau con su vuelta a la naturaleza.
Johann Georg Hamann (1730-1788)
Hamann, filólogo y pensador protestante, fue precursor del movimiento Sturm und Drang.  Criticó la interpretación literal y racionalista de las Escrituras: Dios no habló en la Biblia apelando a la razón, sino en imágenes, símbolos y parábolas. La poesía, la literatura es “la lengua materna del género humano” y es de origen divino. La naturaleza actúa mediante los sentidos, que “ni hablan ni entienden otra cosa que imágenes”. Las imágenes y parábolas, la interpretación imaginativa de la creación y de la naturaleza contienen más verdad que todas las teorías racionalistas ilustradas. La literatura posee, pues, un carácter religioso y el poeta viene a ser un segundo creador.
Hamann influyó en el pensamiento de J. G. Herder (1744-1803), quien fue su discípulo, como también en el de Goethe y Jacobi, en los filósofos Hegel y Schelling y en el músico Mendelssohn.
Johann Gottfried von Herder (1744-1803)
 Herder busca un lenguaje que se ajuste a la misteriosa movilidad de la vida, y que más que conceptos busque metáforas.(Safranski 2009)
Se puede considerar a Herder uno de los puntos de referencia del Prerromanticismo alemán, si bien conserva algunos rasgos de la Ilustración, probablemente por influencia de Immanuel Kant. Herder pone en duda la vigencia de la tragedia griega como modelo de todo teatro, pues para él cada literatura está enraizada en sus concretas circunstancias y sólo se comprende desde ellas. Con ello será uno de los precursores del relativismo cultural, aunque sigue manteniendo la idea -inspirada por Kant y la Ilustración - de la unidad profunda de la Humanidad, que se manifiesta en la diversidad.
Fue líder del movimiento del Sturm und Drang e inspiró a muchos escritores. En su obra Fragmentos sobre la nueva literatura alemana (1767) combate el sentimentalismo y efectismo, abogando por la vuelta a la naturalidad en la poesía, basada en el modelo de lo popular, la palabra libre y espontánea. Aboga por tomar la lengua alemana de sus fuentes. A Herder debió Goethe su hondo conocimiento de Shakespeare, el concepto de que la poesía es uno de los elementos importantes de la civilización y la familiaridad con la poesía popular. Herder publicó una colección sobre la poesía popular de los diversos países e hizo una traducción libre del Romancero del Cid.
Herder desarrolló la idea de Hamann de que la literatura es la lengua primigenia de la humanidad. Su idea de que la literatura posee un carácter religioso y de que el poeta es un segundo creador, influenció la discusión sobre el genio dentro del movimiento Sturm und Drang, también llamado Geniezeit (la época del genio). El cuerpo es la extensión del alma y no su prisión, hay que liberar las fuerzas creativas en la litetratura, cada pueblo, cada época ha de crear su propia literatura. El genio poético se destaca por "extraer de su sustancia una creación dramática tan natural, grande y original como los griegos hicieron con la suya".
Herder concibió una literatura natural como expresión nacional y colectiva de un pueblo. El lenguaje es una forma de pensamiento –Sobre el origen del lenguaje (1772)–, no es de origen divino, proviene de la naturaleza espiritual del ser humano, no es el vehículo para comunicar el pensamiento, sino el instrumento del pensar mismo; lenguaje, poesía y mitología forman una unidad. Y el lenguaje expresa a la vez al hombre entero y cada una de las lenguas a un pueblo, una personalidad colectiva o carácter nacional que la habla a lo largo de la historia.

Johann Wolfgang Goethe (1749-1832)

Escritor y político alemán representante del Strum und Drang. Realizó estudios de botánica y geología, morfologia y óptica. Creyó que sería más recordado por sus obras científicas que por los literarias, sin embargo esto no fue así
Goethe fue uno de los primeros cultivadores del Sturm und DrangTras un viaje a Italia, sin embargo, adoptó un estilo más clásico, sin renunciar a los temas románticos. Se sometió a un proceso autoeducativo: tras haber sido modelo del Romanticismo europeo, comenzó una obra enfocada al equilibrio y la tradición, oponiéndose a su época.
En su Götz von Berlichingen (1773), un drama romántico en prosa sobre un caballero rebelde del siglo XVI, Goethe se propuso imitar la libertad estilística de Shakespeare. La obra, que justifica la insurrección contra la autoridad política, inauguró el movimiento literario conocido como Sturm und Drang). Este drama se alejaba de los modelos franceses anteriores y marcaba una dirección muy distinta; había sido escrito en prosa y bajo la influencia directa de Shakespeare. La obra produjo un efecto revelador: con él se había hallado el verdadero camino que debía seguir el teatro alemán. El espectador podía entusiasmarse con la nobleza del protagonista, indignarse con la vileza de algunos personajes y percibir el alcance social y la actualidad de aquellos cuadros históricos, algo que se avenía perfectamente con el afán revolucionario del momento.
Al año siguiente, en 1774, el nombre de Goethe iba a ser conocido en todo el mundo gracias a la publicación de una novela que apareció bajo el título de Las tribulaciones del joven Werther (Die Leiden des jungen Werther, 1774). Si en la obra anterior Goethe había puesto de manifiesto su íntimo modo de sentir, esta nueva obra mezcla vivencias de su propia vida con un hecho real que causó honda emoción en toda la juventud de la ciudad de Wetzlar, donde vivía el poeta. Esta novela, de un sentimentalismo enfermizo, está inspirada en la tendencia de La Nueva Eloísa, de Rousseau, publicada en 1761, y se adelantó a la época del romanticismo. Esta obra exalta los sentimientos hasta el punto de justificar el suicido por un amor no correspondido, y establece un tono y un estado de ánimo imitado por los autores románticos tanto en sus obras como en su vida personal: una tendencia al frenesí, a la melancolía, al hastío del mundo y a la autodestrucción. En su vejez, Goethe confesó que solo había releído una vez esta obra de juventud y que no volvería a leerla: no quería volver a caer en el morboso estado del que el libro era producto. En el Werther se encuentran presentes casi todas las características fundamentales del Romanticismo. Ejerció una influencia inmensa.
Doctor Fausto es una tragedia cuyo protagonista simboliza la inquietud del ser humano ante el misterio del conocimiento. El argumento recoge una antigua leyenda; en ella, el protagonista, incapaz de alcanzar la verdad última de las cosas, vende su alma al diablo (Mefistófeles) a cambio de un momento de tranquilidad.
Tras su viaje a Roma y Sicilia (“la isla reveladora”), Goethe fue evolucionado hasta renegar del Romanticismo e identificarse con el equilibro clásico grecolatino, lo que puso fin a su tormentosa vida interior. Fue esa la revelación del Clasicismo, verdadera raíz con la que podía identificarse la cultura alemana. Ahora comprendo el sentido del mármol, escribirá en una de sus Elegías romanas.


jueves, 7 de febrero de 2013

El cordero asado. Roald Dahl (cuento)




La habitación estaba limpia y acogedora, las cortinas corridas, las dos lámparas de mesa encendidas, la suya y la de la silla vacía, frente a ella. Detrás, en el aparador, dos vasos altos de whisky. Cubos de hielo en un recipiente. 
Mary Maloney estaba esperando a que su marido volviera del trabajo. 
De vez en cuando echaba una mirada al reloj, pero sin preocupación, simplemente para complacerse de que cada minuto que pasaba acercaba el momento de su llegada. Tenía un aire sonriente y optimista. Su cabeza se inclinaba hacia la costura con entera tranquilidad. Su piel —estaba en el sexto mes del embarazo— había adquirido un maravilloso brillo, los labios suaves y los ojos, de mirada serena, parecían más grandes y más oscuros que antes. 
Cuando el reloj marcaba las cinco menos diez, empezó a escuchar, y pocos minutos más tarde, puntual como siempre, oyó rodar los neumáticos sobre la grava y cerrarse la puerta del coche, los pasos que se acercaban, la llave dando vueltas en la cerradura. 
Dejó a un lado la costura, se levantó y fue a su encuentro para darle un beso en cuanto entrara. 
—¡Hola, querido! —dijo ella. 
—¡Hola! —contestó él. 
Ella le colgó el abrigo en el armario. Luego volvió y preparó las bebidas, una fuerte para él y otra más floja para ella; después se sentó de nuevo con la costura y su marido enfrente con el alto vaso de whisky entre las manos, moviéndolo de tal forma que los cubitos de hielo golpeaban contra las paredes del vaso. Para ella ésta era una hora maravillosa del día. Sabía que su esposo no quería hablar mucho antes de terminar la primera bebida, y a ella, por su parte, le gustaba sentarse silenciosamente, disfrutando de su compañía después de tantas horas de soledad. Le gustaba vivir con este hombre y sentir —como siente un bañista al calor del sol— la influencia que él irradiaba sobre ella cuando estaban juntos y solos. Le gustaba su manera de sentarse descuidadamente en una silla, su manera de abrir la puerta o de andar por la habitación a grandes zancadas. Le gustaba esa intensa mirada de sus ojos al fijarse en ella y la forma graciosa de su boca, especialmente cuando el cansancio no le dejaba hablar, hasta que el primer vaso de whisky le reanimaba un poco. 
—¿Cansado, querido? 
—Sí —respondió él—, estoy cansado. 
Mientras hablaba, hizo una cosa extraña. Levantó el vaso y bebió su contenido de una sola vez aunque el vaso estaba a medio llenar. 
Ella no lo vio, pero lo intuyó al oír el ruido que hacían los cubitos de hielo al volver a dejar él su vaso sobre la mesa. Luego se levantó lentamente para servirse otro vaso. 
—Yo te lo serviré —dijo ella, levantándose. 
—Siéntate —dijo él secamente. 
Al volver observó que el vaso estaba medio lleno de un líquido ambarino. 
—Querido, ¿quieres que te traiga las zapatillas? Le observó mientras él bebía el whisky. 
—Creo que es una vergüenza para un policía que se va haciendo mayor, como tú, que le hagan andar todo el día —dijo ella. 
El no contestó; Mary Maloney inclinó la cabeza de nuevo y continuó con su costura. Cada vez que él se llevaba el vaso a los labios se oía golpear los cubitos contra el cristal. 
—Querido, ¿quieres que te traiga un poco de queso? No he hecho cena porque es jueves. 
—No —dijo él. 
—Si estás demasiado cansado para comer fuera —continuó ella—, no es tarde para que lo digas. Hay carne y otras cosas en la nevera y te lo puedo servir aquí para que no tengas que moverte de la silla. 
Sus ojos se volvieron hacia ella; Mary esperó una respuesta, una sonrisa, un signo de asentimiento al menos, pero él no hizo nada de esto. 
—Bueno —agregó ella—, te sacaré queso y unas galletas. 
—No quiero —dijo él. 
Ella se movió impaciente en la silla, mirándole con sus grandes ojos. 
—Debes cenar. Yo lo puedo preparar aquí, no me molesta hacerlo. Tengo chuletas de cerdo y cordero, lo que quieras, todo está en la nevera. 
—No me apetece —dijo él. 
—¡Pero querido! ¡Tienes que comer! Te lo sacaré y te lo comes, si te apetece. 
Se levantó y puso la costura en la mesa, junto a la lámpara. 
—Siéntate —dijo él—, siéntate sólo un momento. Desde aquel instante, ella empezó a sentirse atemorizada. 
—Vamos —dijo él—, siéntate. 
Se sentó de nuevo en su silla, mirándole todo el tiempo con sus grandes y asombrados ojos. El había acabado su segundo vaso y tenía los ojos bajos. 
—Tengo algo que decirte. 
—¿Qué es ello, querido? ¿Qué pasa? 
El se había quedado completamente quieto y mantenía la cabeza agachada de tal forma que la luz de la lámpara le daba en la parte alta de la cara, dejándole la barbilla y la boca en la oscuridad. 
—Lo que voy a decirte te va a trastornar un poco, me temo —dijo—, pero lo he pensado bien y he decidido que lo mejor que puedo hacer es decírtelo en seguida. Espero que no me lo reproches demasiado. 
Y se lo dijo. No tardó mucho, cuatro o cinco minutos como máximo. Ella no se movió en todo el tiempo, observándolo con una especie de terror mientras él se iba separando de ella más y más, a cada palabra. 
—Eso es todo —añadió—, ya sé que es un mal momento para decírtelo, pero no hay otro modo de hacerlo. Naturalmente, te daré dinero y procuraré que estés bien cuidada. Pero no hay necesidad de armar un escándalo. No sería bueno para mi carrera. 
Su primer impulso fue no creer una palabra de lo que él había dicho. Se le ocurrió que quizá él no había hablado, que era ella quien se lo había imaginado todo. Quizá si continuara su trabajo como si no hubiera oído nada, luego, cuando hubiera pasado algún tiempo, se encontraría con que nada había ocurrido. 
—Prepararé la cena —dijo con voz ahogada. 
Esta vez él no contestó. 
Mary se levantó y cruzó la habitación. No sentía nada, excepto un poco de náuseas y mareo. Actuaba como un autómata. Bajó hasta la bodega, encendió la luz y metió la mano en el congelador, sacando el primer objeto que encontró. Lo sacó y lo miró. Estaba envuelto en papel, así que lo desenvolvió y lo miró de nuevo. 
Era una pierna de cordero. 
Muy bien, cenarían pierna de cordero. Subió con el cordero entre las manos y al entrar en el cuarto de estar encontró a su marido de pie junto a la ventana, de espaldas a ella. 
Se detuvo. 
—Por el amor de Dios —dijo él al oírla, sin volverse—, no hagas cena para mí. Voy a salir. 
En aquel momento, Mary Maloney se acercó a él por detrás y sin pensarlo dos veces levantó la pierna de cordero congelada y le golpeó en la parte trasera de la cabeza tan fuerte como pudo. Fue como si le hubiera pegado con una barra de acero. Retrocedió un paso, esperando a ver qué pasaba, y lo gracioso fue que él quedó tambaleándose unos segundos antes de caer pesadamente en la alfombra. 
La violencia del golpe, el ruido de la mesita al caer por haber sido empujada, la ayudaron a salir de su ensimismamiento. 
Salió retrocediendo lentamente, sintiéndose fría y confusa, y se quedó por unos momentos mirando el cuerpo inmóvil de su marido, apretando entre sus dedos el ridículo pedazo de carne que había empleado para matarle. 
«Bien —se dijo a sí misma—, ya lo has matado.» 
Era extraordinario. Ahora lo veía claro. Empezó a pensar con rapidez. Como esposa de un detective, sabía cuál sería el castigo; de acuerdo. A ella le era indiferente. En realidad sería un descanso. Pero por otra parte. ¿Y el niño? ¿Qué decía la ley acerca de las asesinas que iban a tener un hijo? ¿Los mataban a los dos, madre e hijo? ¿Esperaban hasta el noveno mes? ¿Qué hacían? 
Mary Maloney lo ignoraba y no estaba dispuesta a arriesgarse. 
Llevó la carne a la cocina, la puso en el horno, encendió éste y la metió dentro. Luego se lavó las manos y subió a su habitación. Se sentó delante del espejo, arregló su cara, puso un poco de rojo en los labios y polvo en las mejillas. Intentó sonreír, pero le salió una mueca. Lo volvió a intentar. 
—Hola, Sam —dijo en voz alta. La voz sonaba rara también. 
—Quiero patatas, Sam, y también una lata de guisantes. 
Eso estaba mejor. La sonrisa y la voz iban mejorando. Lo ensayó varias veces. Luego bajó, cogió el abrigo y salió a la calle por la puerta trasera del jardín. 
Todavía no eran las seis y diez y había luz en las tiendas de comestibles. 
—Hola, Sam —dijo sonriendo ampliamente al hombre que estaba detrás del mostrador. 
—¡Oh, buenas noches, señora Maloney! ¿Cómo está? 
—Muy bien, gracias. Quiero patatas, Sam, y una lata de guisantes. 
El hombre se volvió de espaldas para alcanzar la lata de guisantes. 
—Patrick dijo que estaba cansado y no quería cenar fuera esta noche —le dijo—. Siempre solemos salir los jueves y no tengo verduras en casa. 
—¿Quiere carne, señora Maloney? 
—No, tengo carne, gracias. Hay en la nevera una pierna de cordero. 
—¡Oh! 
—No me gusta asarlo cuando está congelado, pero voy a probar esta vez. ¿Usted cree que saldrá bien? 
—Personalmente —dijo el tendero—, no creo que haya ninguna diferencia. ¿Quiere estas patatas de Idaho? 
—¡Oh, sí, muy bien! Dos de ésas. 
—¿Nada más? —El tendero inclinó la cabeza, mirándola con simpatía—. ¿Y para después? ¿Qué le va a dar luego? 
—Bueno. ¿Qué me sugiere, Sam? 
El hombre echó una mirada a la tienda. 
—¿Qué le parece una buena porción de pastel de queso? Sé que le gusta a Patrick. 
—Magnífico —dijo ella—, le encanta. 
Cuando todo estuvo empaquetado y pagado, sonrió agradablemente y dijo: 
—Gracias, Sam. Buenas noches. 
Ahora, se decía a sí misma al regresar, iba a reunirse con su marido, que la estaría esperando para cenar; y debía cocinar bien y hacer comida sabrosa porque su marido estaría cansado; y si cuando entrara en la casa encontraba algo raro, trágico o terrible, sería un golpe para ella y se volvería histérica de dolor y de miedo. ¿Es que no lo entienden? Ella no esperaba encontrar nada. Simplemente era la señora Maloney que volvía a casa con las verduras un jueves por la tarde para preparar la cena a su marido. 
«Eso es —se dijo a sí misma—, hazlo todo bien y con naturalidad. Si se hacen las cosas de esta manera, no habrá necesidad de fingir.» 
Por lo tanto, cuando entró en la cocina por la puerta trasera, iba canturreando una cancioncilla y sonriendo. 
—¡Patrick! —llamó—, ¿dónde estás, querido? Puso el paquete sobre la mesa y entró en el cuarto de estar. Cuando le vio en el suelo, con las piernas dobladas y uno de los brazos debajo del cuerpo, fue un verdadero golpe para ella. 
Todo su amor y su deseo por él se despertaron en aquel momento. Corrió hacia su cuerpo, se arrodilló a su lado y empezó a llorar amargamente. Fue fácil, no tuvo que fingir. 
Unos minutos más tarde, se levantó y fue al teléfono. Sabía el número de la jefatura de Policía, y cuando le contestaron al otro lado del hilo, ella gritó: 
—¡Pronto! ¡Vengan en seguida! ¡Patrick ha muerto! 
—¿Quién habla? 
—La señora Maloney, la señora de Patrick Maloney. 
—¿Quiere decir que Patrick Maloney ha muerto? 
—Creo que sí —gimió ella—. Está tendido en el suelo y me parece que está muerto. 
—Iremos en seguida —dijo el hombre. 
El coche vino rápidamente. Mary abrió la puerta a los dos policías. Los reconoció a los dos en seguida —en realidad conocía a casi todos los del distrito— y se echó en los brazos de Jack Nooan, llorando histéricamente. El la llevó con cuidado a una silla y luego fue a reunirse con el otro, que se llamaba O'Malley, el cual estaba arrodillado al lado del cuerpo inmóvil. 
—¿Está muerto? —preguntó ella. 
—Me temo que sí... ¿qué ha ocurrido? 
Brevemente, le contó que había salido a la tienda de comestibles y al volver lo encontró tirado en el suelo. Mientras ella hablaba y lloraba, Nooan descubrió una pequeña herida de sangre cuajada en la cabeza del muerto. Se la mostró a O'Malley y éste, levantándose, fue derecho al teléfono. 
Pronto llegaron otros policías. Primero un médico, después dos detectives, a uno de los cuales conocía de nombre. Más tarde, un fotógrafo de la Policía que tomó algunos planos y otro hombre encargado de las huellas dactilares. Se oían cuchicheos por la habitación donde yacía el muerto y los detectives le hicieron muchas preguntas. No obstante, siempre la trataron con amabilidad. 
Volvió a contar la historia otra vez, ahora desde el principio. Cuando Patrick llegó ella estaba cosiendo, y él se sintió tan fatigado que no quiso salir a cenar. Dijo que había puesto la carne en el horno —allí estaba, asándose— y se había marchado a la tienda de comestibles a comprar verduras. De vuelta lo había encontrado tendido en el suelo. 
—¿A qué tienda ha ido usted? —preguntó uno de los detectives. 
Se lo dijo, y entonces el detective se volvió y musitó algo en voz baja al otro detective, que salió inmediatamente a la calle.
«..., parecía normal..., muy contenta..., quería prepararle una buena cena..., guisantes..., pastel de queso..., imposible que ella...» 
Transcurrido algún tiempo el fotógrafo y el médico se marcharon y los otros dos hombres entraron y se llevaron el cuerpo en una camilla. Después se fue el hombre de las huellas dactilares. Los dos detectives y los policías se quedaron. Fueron muy amables con ella; Jack Nooan le preguntó si no se iba a marchar a otro sitio, a casa de su hermana, quizá, o con su mujer, que cuidaría de ella y la acostaría. 
—No —dijo ella. 
No creía en la posibilidad de que pudiera moverse ni un solo metro en aquel momento. ¿Les importaría mucho que se quedara allí hasta que se encontrase mejor? Todavía estaba bajo los efectos de la impresión sufrida. 
—Pero ¿no sería mejor que se acostara un poco? —preguntó Jack Nooan. 
—No —dijo ella. 
Quería estar donde estaba, en esa silla. Un poco más tarde, cuando se sintiera mejor, se levantaría. 
La dejaron mientras deambulaban por la casa, cumpliendo su misión. De vez en cuando uno de los detectives le hacía una pregunta. También Jack Nooan le hablaba cuando pasaba por su lado. Su marido, le dijo, había muerto de un golpe en la cabeza con un instrumento pesado, casi seguro una barra de hierro. Ahora buscaban el arma. El asesino podía habérsela llevado consigo, pero también cabía la posibilidad de que la hubiera tirado o escondido en alguna parte. 
—Es la vieja historia —dijo él—, encontraremos el arma y tendremos al criminal. 
Más tarde, uno de los detectives entró y se sentó a su lado. 
—¿Hay algo en la casa que pueda haber servido como arma homicida? —le preguntó—. ¿Le importaría echar una mirada a ver si falta algo, un atizador, por ejemplo, o un jarrón de metal? 
—No tenemos jarrones de metal —dijo ella. 
—¿Y un atizador? 
—No tenemos atizador, pero puede haber algo parecido en el garaje. 
La búsqueda continuó. 
Ella sabía que había otros policías rodeando la casa. Fuera, oía sus pisadas en la grava y a veces veía la luz de una linterna infiltrarse por las cortinas de la ventana. Empezaba a hacerse tarde, eran cerca de las nueve en el reloj de la repisa de la chimenea. Los cuatro hombres que buscaban por las habitaciones empezaron a sentirse fatigados. 
—Jack —dijo ella cuando el sargento Nooan pasó a su lado—, ¿me quiere servir una bebida? 
—Sí, claro. ¿Quiere whisky? 
—Sí, por favor, pero poco. Me hará sentir mejor. Le tendió el vaso. 
—¿Por qué no se sirve usted otro? —dijo ella—; debe de estar muy cansado; por favor, hágalo, se ha portado muy bien conmigo. 
—Bueno —contestó él—, no nos está permitido, pero puedo tomar un trago para seguir trabajando. 
Uno a uno, fueron llegando los otros y bebieron whisky. Estaban un poco incómodos por la presencia de ella y trataban de consolarla con inútiles palabras. 
El sargento Nooan, que rondaba por la cocina, salió y dijo: 
—Oiga, señora Maloney. ¿Sabe que tiene el horno encendido y la carne dentro? 
—¡Dios mío! —gritó ella—. ¡Es verdad! 
—¿Quiere que vaya a apagarlo? 
—¿Sería tan amable, Jack? Muchas gracias. 
Cuando el sargento regresó por segunda vez lo miró con sus grandes y profundos ojos. 
—Jack Nooan —dijo. 
—¿Sí? 
—¿Me harán un pequeño favor, usted y los otros? 
—Si está en nuestras manos, señora Maloney... 
—Bien —dijo ella—. Aquí están ustedes, todos buenos amigos de Patrick, tratando de encontrar al hombre que lo mató. Deben de estar hambrientos porque hace rato que ha pasado la hora de la cena, y sé que Patrick, que en gloria esté, nunca me perdonaría que estuviesen en su casa y no les ofreciera hospitalidad. ¿Por qué no se comen el cordero que está en el horno? Ya estará completamente asado. 
—Ni pensarlo —dijo el sargento Nooan. 
—Por favor —pidió ella—, por favor, cómanlo. Yo no voy a tocar nada de lo que había en la casa cuando él estaba aquí, pero ustedes sí pueden hacerlo. Me harían un favor si se lo comieran. Luego, pueden continuar su trabajo. 
Los policías dudaron un poco, pero tenían hambre y al final decidieron ir a la cocina y cenar. La mujer se quedó donde estaba, oyéndolos a través de la puerta entreabierta. Hablaban entre sí a pesar de tener la boca llena de comida. 
—¿Quieres más, Charlie? 
—No, será mejor que no lo acabemos. 
—Pero ella quiere que lo acabemos, eso fue lo que dijo. Le hacemos un favor. 
—Bueno, dame un poco más. 
—Debe de haber sido un instrumento terrible el que han usado para matar al pobre Patrick —decía uno de ellos—, el doctor dijo que tenía el cráneo hecho trizas. 
—Por eso debería ser fácil de encontrar. 
—Eso es lo que a mí me parece. 
—Quienquiera que lo hiciera no iba a llevar una cosa así, tan pesada, más tiempo del necesario. Uno de ellos eructó: 
—Mi opinión es que tiene que estar aquí, en la casa. 
—Probablemente bajo nuestras propias narices. ¿Qué piensas tú, Jack? 
En la otra habitación, Mary Maloney empezó a reírse entre dientes.